Sin ánimo de rebajar la importancia de las inquietantes consecuencias que arrastrará el brexit, y pudiendo compartir la desafección que a veces provoca el elefante comunitario, hoy me pesa más la tristeza que la economía y la pena más que la política. Me entristece, y me da muchísima pena, que Reino Unido se divorcie de la Europa pretendida. Gracias a los libros, desde pequeño comencé a viajar antes de empezar a viajar, aprendí a imaginar lo que más tarde viajé, a conocer lo que poco a poco con los años fui conociendo, sintiendo, viviendo. Gracias a la natación, que me llevó de aquí para allá, con apenas once o doce años fui abriendo los ojos a otras realidades, otras gentes, otras miradas. Pero fue en Inglaterra, en los veranos de principios de los ochenta, donde por primera vez asomé al mundo que estaba esperándome al otro lado de nuestro microcosmos. Pasé allí los veranos de aquellos años. Fue allí, en las afueras de Bristol, donde los ingleses me llenaron de razones para sentirme como en casa. No lo tuve difícil, al revés. A los canarios, y en especial a los tinerfeños, los británicos nos resultan tremendamente familiares, nos hemos criado con ellos por los alrededores, de alguna forma hemos crecido bastante juntos. Así se explica que sea difícil dar con un pueblo en Inglaterra donde varias familias no conozcan mis Islas tanto o mejor que nosotros, y de ahí que decir en Reino Unido que eres canario predisponga para bien a quien comparte mesa, negocios o cervezas. A ojos de muchas comunidades autónomas los ingleses son seres de otro mundo. No es nuestro caso. Los británicos son parte de nuestro mundo. Llevamos una eternidad comerciando con ellos, cruzándonos por la calle, juntándonos en las playas, en los montes o en los bares, negociando, intercambiándonos. A principios de los ochenta entraba en Reino Unido haciendo en el aeropuerto la cola de los ciudadanos extracomunitarios, ellos estaban dentro y nosotros fuera. Ahora, un soplo de historia más tarde, después de varios veranos yendo para allá mi Daniel entrará con nosotros dentro pero ellos ya fuera de la Europa que están asfixiando el trumpismo, la ausencia de líderes, la grasa administrativa y la ineficiencia de políticos con sueldos insultantes. Sé que hoy toca sumergirse en lecturas económicas y políticas, pero me pesa demasiado la tristeza y la pena de despertar al día en que hizo las maletas un país al que quiero y admiro.
