tribuna

Las cuatro plumas

Un vicepresidente es alguien que hace las veces del presidente, un sustituto, un reemplazo en caso de ausencia, alguien encargado de asumir sus atribuciones cuando lo requieran las circunstancias. Ahora parece que se ha convertido en una dignidad, pero la definición sigue siendo la que es, y la funcionalidad del cargo también. Quiero decir con esto que, aunque se intente diluir la importancia del vicepresidente segundo, sumiéndolo en una especie de “periquito entre ellas”, la realidad es que Pablo Iglesias ejercerá de jefe del Ejecutivo cuando se dé la coincidencia de que no se encuentren habilitados don Pedro Sánchez y la señora Calvo, simultáneamente, que Dios no lo quiera.
La frase del presidente al jurar el cargo ante el rey es definitoria: “Lo que ha costado ocho meses se resuelve en cinco minutos”, a lo que el rey ha contestado: “Ha sido rápido, simple y sin dolor”. Todo puede ser como un parto sencillo, donde la criatura tiene el camino expedito y sin complicaciones, y ahí es donde reside el problema. Bastan cinco minutos para llevar a cabo acciones irreparables, aunque después se diga que una vice lo que sea no era más que una condecoración, una forma de comprar una investidura. Esos cinco minutos terribles son los que le quitaban el sueño a Sánchez hace unos meses.
Pero ahora parece que las vicepresidencias se utilizan para dar un mayor énfasis a las políticas que se quieren destacar. Se prestará más atención a los asuntos de mayor urgencia, que son los que estarán adscritos a esos cargos que preponderan sobre los demás. Memoria histórica, economía y mercados, transición ecológica, y agenda 2030, con un horizonte de 10 años para el señor Iglesias. Estas son las cuatro patas del Gobierno. Se asegura que se aumenta el número de estas carteras especiales para asfixiar al socio coaligado podemita; pero ¿y si no fuera así? ¿si realmente a quien se asfixia es a la señora Calviño y los ejes prioritarios son los otros? Porque Pablo Iglesias estará, en el orden, por encima de la ministra de Economía, y en un arrebato, podría dar al traste con la política económica si se presentara la ocasión. Recuérdese la canción: “La vida es eterna en cinco minutos”. El cinco, aparte de ser una rima desafortunada, es el número de la hora que fija la muerte de los toros. Una hora terrible, según Federico, porque también pueden morir los toreros, como le pasó al pobre Ignacio.
Lyndon B. Johnson fue vicepresidente de los Estados Unidos, y luego fue su presidente durante seis años, después del asesinato de Kennedy, y no lo hizo tan mal. Esto quiere decir que la elección del cargo debe contemplar esa previsión; de aquí la idoneidad de la persona que lo represente. Dice la prensa que Pablo Iglesias está muy mosqueado por la creación de la cuarta vicepresidencia. Según se mire, porque pasa de ser el penúltimo al antepenúltimo. Tiene dos por delante para llegar a tocar el cielo plenamente, y dos por detrás, lo cual no está tan mal: ha dejado de ser el farolillo rojo en el caso de sustitución, y esto, se mire cómo se mire, no deja de ser una ventaja. De lo que no estoy seguro es de si ha desaparecido de los sueños inquietantes del presidente. De momento, lo tiene a dos pasos por detrás. No siente su aliento en el cuello directamente, pero casi.
Es indiscutible que se trata de hacer una nueva política. Seguro que estoy chapado a la antigua y no comprendo muy bien ciertas innovaciones. Es más, me suenan a populismo del malo. Perdón, no entiendo mucho, pero hacer prioritarios la memoria histórica y seguir los llamados de Greta Thunberg para salvar el planeta, me suena a eso. Como decía mi amigo Carlos Oroza: “Los últimos residuos revolucionarios del sur de Europa”.

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