
“Por favor, no lea esto si puede afectarle leer sobre el fallecimiento de un niño”. Con esta advertencia a los lectores comienza Jackie Collas el testimonio sobre la historia de su hijo Curren. Esta madre de Pensilvania perdió a su pequeño de dos años en febrero de 2014, aplastado por una cómoda modelo Malm de Ikea. Fue uno de los primeros casos mortales que trascendió en EEUU, donde este popular y económico aparador se ha cobrado la vida de al menos ocho niños, según el recuento de diversos medios, y ha herido a miles de menores.
Tras aquella tragedia, Jackie compartió su dolorosa experiencia en Facebook, tratando de concienciar sobre el riesgo de estos muebles e iniciando un movimiento que ahora va más allá de marcas concretas y que, a la espera de sentencia, podría acabar modificando las regulaciones nacionales que rigen este tipo de muebles baratos y automontables.
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