tribuna

Sobre el barrio de El Toscal, por Eduardo Sampedro Núñez

Es evidente que más nos gustan aquellos que más afinidad tienen con nosotros, y que la falta de empatía, mal común de nuestros días, hace que no toleremos a los distintos. Desde hace relativamente poco hemos empezado a hablar de una nueva intolerancia: el edadismo. La RAE no reconoce el término todavía, pero psicólogos, sociólogos y gerontólogos ya lo identificamos con ese nombre. “Se trata de una discriminación por edad que se sustenta sobre estereotipos que nada tienen que ver con la realidad y que afectan a las personas cuando cruzan la barrera de los 60 años. Es uno de los prejuicios sociales más normalizados, según la propia Organización Mundial de la Salud, que aprecia en él efectos sobre la salud de la gente mayor”. Como ocurre con el racismo o el sexismo, la sociedad en su conjunto y los gobernantes en particular deben combatir el edadismo para que se deje de tratar a las personas mayores como un colectivo frágil y dependiente; al contrario, es un colectivo capaz de aportar mucho y de calidad, avalado por los conocimientos y la experiencia adquiridos a lo largo de la vida.
En los últimos 20 años, la esperanza de vida al nacimiento de los hombres ha pasado de 75,3 a 80,4 años y la de las mujeres de 82,2 a 85,7 años, según los indicadores demográficos básicos que publica el INE. (14 de septiembre de 2018 ). Esto es una progresión geométrica imparable que se da desde antes de que existiera la estadística y creo que debemos atenderla. Según un reciente estudio de la Universidad de Washington, los españoles tendremos una esperanza de vida de 85,8 años en 2040, lo que convertirá a España en el país con mayor esperanza de vida del mundo. Entendamos que la esperanza de vida de los españoles se ha duplicado en apenas cuatro generaciones. Entre 1910 y 2009 la ganancia de un recién nacido ha sido de más de 40 años respecto a la expectativa que tenía su bisabuelo cuando era un bebé. 
Estos 40 años son el doble de la vida media de una persona hace un siglo. Con todos estos datos, no cabe duda de que los mayores tendemos a ser más y mejores cada vez y esa prometida buena longevidad la debemos gastar en algo más que pasear a nietos, perros, bajar la basura, alimentar a las palomas del Parque (cada vez menos) o supervisar las obras (cada vez menos debido a la falta de PGO). Todavía con 64 años se siente mucha vida y ganas de compartir.
Ilusionados con que en nuestro abandonado y desconchado barrio del Toscal se hiciera una casa social con gusto y que viniera a dar acogida a los vecinos y a sus ansias de cultura, ocio, deporte, formación,actividades saludables, etc; nos encontramos que a la recién inaugurada Casa Siliuto le plantan el cartel de Casa de la Juventud y sin criterio neurocientífico, ni educativo alguno le adjudican un rango de edad que va desde los 14 a los 31 años; rebusco en mis libros de psicología evolutiva y no encuentro razón alguna para establecer ese intervalo como recomendable y/o compatible; y es por lo que, y creo hablar en nombre de muchos, se deberían de establecer unos horarios y actividades para todos los vecinos del barrio, sea cual sea la raza, el color, el sexo, la religión, la tendencia sexual o la edad. Intentemos no crear más guetos y exclusiones en nuestra sociedad, hay sitio para todos en este mundo y ya que está tan de moda, y con buen criterio, la inclusión, no creemos excluidos en nuestra sociedad y menos dirigidas desde las instituciones públicas; no solo hacen daño a la dignidad de un importante grupo de ciudadanos, sino que, además, crean tendencias a que las exclusiones sigan subsistiendo y siendo un negativo ejemplo para nuestros descendientes.

*Vecino de la calle San Antonio

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