El charco hondo

El vídeo

Un vídeo que circula a la velocidad de la luz por los grupos de WhatsApp (¿alguien duda de que los chat son la red social más frecuentada?) tiene bastantes probabilidades de ser reutilizado en cualquier cursillo de comunicación política. No es descabellado imaginar que en breve el vídeo sea empleado, como herramienta de instrucción, durante […]

Un vídeo que circula a la velocidad de la luz por los grupos de WhatsApp (¿alguien duda de que los chat son la red social más frecuentada?) tiene bastantes probabilidades de ser reutilizado en cualquier cursillo de comunicación política. No es descabellado imaginar que en breve el vídeo sea empleado, como herramienta de instrucción, durante esas jornadas de veinticuatro o cuarenta y ocho horas que partidos e instituciones organizan -preferentemente los fines de semana- para explicar a sus cargos públicos u orgánicos cómo defenderse en las entrevistas de radio, tele o prensa escrita. Y defenderse, en la política de última generación, consiste en manejar con solvencia el arte de hablar sin parar pero sin decir absolutamente nada, evitando cualquier afirmación susceptible de volverse en contra o comprometer a corto o medio plazo. Hacerlo bien pasa, de tiempo a esta parte, por sobrevivir a la entrevista argumentando de puntillas, sin dejar huella o rastro alguno de frases que digan algo, moviéndose lejos del radar, evitando fijar posiciones mínimamente nítidas sobre lo que sea y sin detenerse en realidades o situaciones que no les interesa describir. Hablar o responder sin decir nada sustancial se consolida como seña de identidad, marca de la casa de una generación obsesionada por las zarpas de la maldita hemeroteca o por las consecuencias que podría generarles una contestación mal colocada. Las generalizaciones son tan injustas como infantiles, hay excepciones; pero no es menos cierto que se multiplican los portavoces orgánicos o públicos que hablan en público (en los medios o en sus instituciones) procurando que su intervención se limite a expresiones huecas. En el vídeo, que salta de móvil en móvil, el presentador de un certamen de misses pregunta a una candidata cuál ha sido su mayor logro, y por qué. Buenas noches, alcanzar el éxito no es cuestión de azar, es un cúmulo acumulado en todos el tiempo perfecto, considero… muchas gracias -responde, literalmente, la candidata a reina de las fiestas-. Hay quienes creen ver en la caótica respuesta de la protagonista un ejemplo de incapacidad expresiva, cuando en realidad lo que nos muestra el vídeo es la respuesta perfecta según los parámetros y urgencias de la política actual: hablar sin decir absolutamente nada, utilizando frases inconexas que en su nadería sirven para responder a cualquier pregunta.