el charco hondo

La culpa

La culpa fue de Juan Miguel, que aquel día puso lavadora, secadora y plancha, a la vez, a todo meter, y claro, pasó lo que pasó. O de María José, aunque no lo reconocerá, si la conoceré, pero mojó un enchufe con la ropa del gimnasio, saltó el automático, la cosa se lió, y claro, pasó lo que pasó. La culpa del cero energético del 29 de septiembre fue de Juan Miguel, María José, Auxiliadora, Carlos, Ana o Arturo, del que abre el bar de abajo o de la que tiene la peluquería al otro lado de la calle, que no sé yo si tiene permiso o potencia para tanto secador. La culpa fue del vecino por poner la música tan alta, o de los que tienen coches eléctricos. La culpa del apagón fue de todos, excepto de Red Eléctrica; tampoco de Endesa, qué va. Red Eléctrica y Endesa pasaban por allí. Cuatro meses después siguen limitándose a pasar la pelota de tejado en tejado. Se sacuden multa, fíjate tú. Red Eléctrica concluye que el cero energético fue provocado por elementos tan fortuitos como indetectables, guau. A juicio de los responsables de Endesa, una avería en un pequeño transformador no tiene entidad para provocar el caos de aquellas horas, qué cosas tienes; lo que según ellos pasó es que la estrategia del distribuidor (Red Eléctrica, sí) ha sido un desastre, y así pasan las cosas que pasan. Más de ciento veinte días después solo sabemos que no sabemos nada, fantástico. Tampoco una tormenta solar -teoría tan sugerente como inconsistente- ha aguantado el tipo como coartada. Con el Gobierno recordando a los usuarios que pueden reclamar una compensación -buenas noches, y buena suerte-, las empresas siguen haciendo lo que mejor se les da: ganar tiempo perdiéndolo. Volverá a pasar. Y cuando ocurra estaremos en la casilla de salida, sin saber qué fue lo que pasó la vez anterior, hace ahora cuatro meses. Dieciséis semanas para explicar un apagón de nueve horas parece un plazo excesivo -abusivo-; a menos, claro, que seas Red Eléctrica o Endesa, y te lo tomes con tanta calma como sea necesario para que la gente se aburra y deje de preguntar por el mantenimiento o las inversiones. Si quieren seguir echando ratitos parlamentarios, que llamen a Juan Miguel, al del bar de abajo o a la de la peluquería, ellos son los culpables, claro que sí.

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