despuÉs del paréntesis

La estima de la ignorancia

La penúltima del innombrable tiene como motivo lo que ocurrió en la entrega de los Oscar de este año. Quienes amamos el cine defendemos que es una de las cimas de la ilustración de los últimos 90 años, cuestionamos que los sistemas de enseñanza no hagan estudiar las grandes películas a los alumnos o que no ocupe un lugar similar al de los libros. Por eso asistimos alborozados a la ceremonia del pasado mes de febrero. Por primera vez en la historia de los galardones, los votantes afinaron la puntería fuera de las presiones de Hollywood. Vieron y eligieron un guion, a un director y a un filme por espléndidos, aunque no fueran de habla inglesa. Luego, el susodicho en cuestión se sube al carro de la ignominia y de lo patético. Resulta que Parásitos no puede alzarse con un triunfo ahí porque es de Corea del Sur. Cabría pensar que el nacionalismo irracional del presidente del país más importante del planeta es quien decide. Si los norteamericanos dan premios es para su industria. Mas eso no arrima estima alguna a semejante actitud; denuncia un primitivismo atávico que, en buena lógica, no tiene ni nombre. Es decir, la barbaridad no resiste la crítica; sí lo que la barbaridad confirma. En lógica internacional (de Clinton hablo o de Obama) Corea del Sur es el aliado incondicional de EE.UU. en Asia (frente a la del Norte o China). Pero cabe una condena para este individuo: es una potencia comercial y eso daña los intereses mundiales de su país. Así juega con los aliados este sagaz dirigente, aranceles, presiones y descrédito para Europa por más que justifique a la Otan.
Pero esa es una lección de primero de política que todo pensante interpreta. Lo horripilante es lo que corrobora. Se supone que el presidente del país más importante del mundo no solo debe ser inteligente, capacitado, sensato y… sino que debe ser reconocido por la estima de valores. Uno de ellos es la cultura. En este caso lo que desprecia el antedicho no es al país de procedencia de la obra, desprecia a la obra en sí y lo que significa. ¿Imagina el lector al tal Trump eliminar de la historia del arte a la Mona Lisa porque Da Vinci fue acusado de pederastia, o Las Meninas porque Velázquez era algo rebelde, o al Guernica porque Picasso fue comunista?
Lo que está dentro de la cabeza de ese sujeto es el absoluto vacío. Eso lo retrata. Mas lo espantoso y dramático es que semejante retrato es lo que se impone al desprestigiado mundo, lo que lo somete. Infausto.

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