avisos políticos

Mentiras, impuestos y fantasía

Algunos jueves atrás escribíamos que la dinámica política actual nos ha servido a los españoles para comprobar dos cuestiones de la mayor importancia. La primera ha sido constatar la mentira radical que anida en todas las declaraciones, promesas electorales, entrevistas y manifestaciones varias de nuestros políticos, sin distinción de partido, que, con diferencia de pocos días, defienden o proponen una cosa y su contraria sin el menor rubor. En segundo lugar, los españoles hemos corroborado que los cargos políticos y de gestión, los organigramas políticos, no se diseñan con criterios técnicos de mejor servicio público, de eficacia y de eficiencia. Se crean simplemente para cumplir pactos políticos y pagar favores; para colocar a amigos y colaboradores; para controlar y vigilar a otros cargos; para ganar poder y derrotar a los enemigos dentro del propio partido. Los partidos políticos españoles son agencias de empleo, y asusta saber la cantidad de gente que no tiene profesión conocida y vive del partido, por lo que se queda en el paro cuando su gente pierde el poder. Es el parasitismo político que caracteriza la política española.

Todavía sufrimos una tercera plaga. Los actuales gobernantes social-comunistas vulneran abiertamente la legalidad, la ética y la estética a cara descubierta, justificando lo injustificable y con la complicidad de unos medios y unas cadenas de televisión que se han convertido en aparatos de propaganda y adoctrinamiento de la izquierda. Se cesa a una ministra de Justicia, reprobada repetidamente por el Parlamento de la que es diputada socialista, que tenía que haber dimitido por sus probadas relaciones inconfesables con el comisario Villarejo, ilustradas con comentarios y calificativos decididamente poco apropiados. Y se le cesa para nombrarla nada menos que fiscal general del Estado, nombramiento que se justifica con extrañas razones de idoneidad, cuando está claro que se le nombra con la misión de controlar el procés y la acción judicial en Cataluña por medio de los fiscales, sometidos jerárquicamente a ella: no olvidemos la rígida jerarquía que preside el Ministerio Público. Pues bien, no contentos con ello, nuestros gobernantes anuncian una reforma a la carta del Código Penal, y la justifican con la mentira de que el Código corresponde al siglo XIX, cuando su última reforma en profundidad se hizo en 1995.
Con la coartada de tipificar mejor los delitos de violencia de género y de supuestamente adaptarnos a la legalidad europea, se va a rebajar sustancialmente la pena por el delito de sedición, o acaso suprimirlo del todo, con el objetivo de excarcelar a los políticos catalanes presos, a quienes se le podría aplicar la reforma con efectos retroactivos. Al mismo tiempo, con la coartada de subir los impuestos a “los ricos” (un lenguaje que sonrojaría al propio Carlos Marx), y la mentira de que la fiscalidad española es inferior a la europea, se va a subir brutalmente la presión fiscal sobre las clases medias.

Coartadas y mentiras que forman la fantasía, el mundo fantástico, en el que nuestros gobernantes quieren encerrarnos. En contra de ese mundo ficticio hemos de luchar los ciudadanos, porque, para recuperar nuestra libertad, hoy secuestrada, debemos volver al mundo real.

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