El charco hondo

Romanicidio

La acción de parar los pies al actual vicepresidente del Gobierno, Román Rodríguez, culpándolo de la caída en desgracia de Coalición, bien podría bautizarse como romanicidio. Quienes cortan el bacalao en CC (Clavijo, Carlos Alonso y Ana Oramas) saben que el Congreso les será más fácil si a ojos de los asistentes logran neutralizar a […]

La acción de parar los pies al actual vicepresidente del Gobierno, Román Rodríguez, culpándolo de la caída en desgracia de Coalición, bien podría bautizarse como romanicidio. Quienes cortan el bacalao en CC (Clavijo, Carlos Alonso y Ana Oramas) saben que el Congreso les será más fácil si a ojos de los asistentes logran neutralizar a Rodríguez con antelación suficiente, o lo que es lo mismo, si quitan de la cabeza a los compromisarios esa idea de salir de la UCI confluyendo, ya se vería cómo, con Nueva Canarias. Cuando Oramas afirma que si Román Rodríguez diera un paso a un lado la unidad nacionalista sí sería posible, lo que realmente está diciéndole a los suyos es que la culpa de que no haya unificación es de Rodríguez. Y cuando sentencia que Nueva Canarias expulsó a CC de las principales instituciones, lo que tácticamente está susurrándole a los propios es que la culpa de que estén en la oposición también es de Román Rodríguez. Hay que matar a Román a ojos de los compromisarios antes de que empiece el Congreso, de eso va a la cosa. Están moviendo éstas y otras bazas. Normal, es lo que toca cuando se está a las puertas de un cónclave donde se juegan el control de CC. Ahora bien, su romanicidio tiene al menos tres bocas de agua. En primer lugar, porque difícilmente puede culparse a Rodríguez de que CC haya perdido los ayuntamientos de Santa Cruz y La Laguna, o el Cabildo de Tenerife, entre otras cosas por el insignificante detalle de que Nueva Canarias no está en esas instituciones. Por otra parte, si CC está en la oposición no es tanto porque todos hayan ido a por Coalición sino porque CC fue a por todos, y acabó pagando con la pérdida del poder haberse aislado cuando dinamitó los puentes con absolutamente todo dios. Y, en tercer lugar, porque no se puede responsabilizar a Rodríguez de la gestión que CC hizo de los buenos resultados electorales de Coalición. De ahí que el romanicidio como estrategia sea tan previsible como vulnerable. Construir un enemigo externo, o personalizar los males en un tercero, es un recurso fácil. Lo difícil, y necesario, es que CC haga autocrítica y analice qué quiere ser y hacer, qué propondrá, dónde y con quién se ve, y qué tiene que contarle a quienes votaron CC, a ese ejército de simpatizantes que de meses a esta parte se preguntan dónde está y qué fue de Coalición.