el charco hondo

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Si se viven felizmente, como lo haces tú, treinta años suman más de diez mil días. Cuando la vida se navega con inteligencia, como tú, los meses se multiplican, y siempre para bien o mejor. No sé si con acierto, hace ahora quince años te regalé unas líneas. En aquellos párrafos, que mi hermana siempre lleva encima, intenté darte algunas pistas. Procuré prestarte una linterna que te ayudara a alumbrar un poco el camino. Quise adelantarte lo que en aquel momento ya me habían contado los veinte años que te llevo de ventaja. Hace quince años que cumpliste quince años. Hace quince años te presté mi mirada para animarte a que te pusieras manos a la obra armando el rompecabezas de tu felicidad. Te conté que no hay amores o desamores que atiendan a un mismo guion. Te sugerí que a la vida le tuvieras respeto, sí, pero no miedo, que crecieras sin prisa, disfrutando de cada día, de cada hora. Te dije que cada beso, momento, abrazo o sonrisa es algo irrepetible, espectacular; sí, espectacular. Te dije que leyeras, lo has hecho. Y que viajaras. A la vista está, te lo tomaste al pie de la letra, porque nunca sé por dónde andas. Lo que sí sé es que tu madurez, esa inteligencia que te hace tan libre, te enseñó tempranamente a ser de donde estás, sintiéndote en casa donde estén quienes te quieren. Y se te quiere, mucho. ¿Cómo no querer a quien recibe, comparte y despide siempre con una sonrisa? Quince años después me pregunto si no serás tú quien deba aconsejarnos a los que te llevamos años de ventaja. Me respondo que sí, que de ti se aprende, de tu valentía, de tu lealtad, de tu coraje, de tu seguridad. Ahora, quince años después de aquellos quince años, déjame que te felicite por tus treinta, pero sobre todo por crecer como estás creciendo, sabiéndote rodear de quienes merecen estar en tus días. Sigue dejándote acompañar por quienes te hacen reír. Eres un imán que atrae gente buena, tienes y te mereces ese superpoder. No conoces techo ni permitirías que te lo dibujen. Diviértete trabajando, creciendo profesionalmente. Crece como lo has hecho hasta ahora, haciendo que el suelo que pisas se llene de sonrisas y afectos. Quiere así de bien a la familia que te recibió al nacer y a la que la vida te ha ido presentando. Y, ahora y siempre, duerme y despierta con la tranquilidad de saberte arropada por quienes te queremos incondicionalmente, porque si de querer hablamos solo debe quererse así. Feliz cumpleaños, Silvia.

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