Diario del aislamiento

Día 11

Escribo cuando termino en COPE. Son las nueve de la mañana (tanto da, el reloj tampoco es lo que era). He tomado una decisión. El sol será el punto final que cierre mis mensajes de móvil, así lo haré hasta que volvamos al sol. He adoptado ese emoticono. Decisiones de confinado. Cosas de aislado. Reivindicación […]

Escribo cuando termino en COPE. Son las nueve de la mañana (tanto da, el reloj tampoco es lo que era). He tomado una decisión. El sol será el punto final que cierre mis mensajes de móvil, así lo haré hasta que volvamos al sol. He adoptado ese emoticono. Decisiones de confinado. Cosas de aislado. Reivindicación de normalidad. Vuelve tu pelo de siempre -leo en un anuncio-. No es broma. Qué cachondos. Cuando recuperemos la calle iremos a la peluquería con gorra, pañuelo, tocado de comparsa o pamela. Algo tendré que hacer con el pelo. Raparme, por ejemplo. Será. Y pronto. El silencio en la calle hace que los pájaros le pongan banda sonora. Silencio sustituyendo los ruidos de una normalidad aplazada, prorrogada. Cómo duele el silencio cuando es hecho de voces ausentes, de palabras que nadie dice (Circe Maia). Estamos cruzando los días más duros de la tormenta, el esfuerzo parece no tener recompensa. El maldito pico no debe estar lejos. El humor pierde fuelle en los chat; es lógico, pero no lo abandonemos, reírse es el cortafuegos que mantiene a raya a la ansiedad. Y hacer ejercicio, sudar la pena. Gana terreno la búsqueda de noticias que insinúen optimismo, que den algo de color (un poco, siquiera) a tanto blanco y negro. Anoto que la normalización de la vida en Wuhan, casilla de salida de la pesadilla, ha provocado que la renta variable asiática se dispare y que los mercados remonten. Termómetros. Señales. Cualquier cosa con tal de animarnos un rato. Llamo. Me llaman. Coincidimos en que la resurrección será escalonada, pero será. El día después durará meses. Peldaño a peldaño. La normalidad arrancará como lo hacían los ordenadores de antes, despacio, dejándose ver pero haciéndonos esperar. Leo a David Morales. Nos escribimos. Al carajo viajar fuera de las Islas cuando volvamos a viajar, cuando esos meses lleguen viajemos, y gastemos, en Canarias (al carajo irse fuera, escribe David). Navegamos sobre un mar de enlaces, de links. En Madrid siguen despertando al mismo día, atrapados en su 11-M sanitario. Ánimo. Fuerza. Conjugamos el peor tiempo verbal: el presente contagiado. Bajamos de la cama rastreando buenas noticias. Un ejército de científicos pasa veinticinco horas al día buscando la pócima que doblegue al virus. Aparecerá. Confío en ellos, me impongo confiar. Encontrarán el fármaco, vacuna o combinación de fármacos que nos saque de aquí. Quedan once días menos. Suena el teléfono.