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diario del aislamiento

Día 16

El Sol a su bola, ajeno a la cuarentena. Solo se escuchan los pájaros, cada vez más fuerte. Como sigan prorrogándonos, cualquier día las calles amanecerán llenas de lagartos, conejos y muflones (si es que quedan, no lo sé). El lado bueno de las cosas. Anoche la vi otra vez. Nos ha tocado esta pandemia, este marrón; pero también las cosas buenas de este lado, como disfrutar con Jennifer Lawrence (hipnotiza, su fuerza). Ayer, cuando acabaron los aplausos, en los balcones debutaron tres DJ sobrevenidos. Las canciones se pisaban unas a otras. Sonó a carnaval, sentí las lágrimas correr hacia los ojos. Me escriben. Día a día, no mires más allá -me aconsejan-. Escribo. Eso hago, pero a veces me desobedezco -respondo-. Decía Fernando Pessoa que la belleza de un cuerpo desnudo solo la sienten las razas vestidas. Estamos aprendiendo que la belleza de la calle solo se siente cuando un virus nos desnuda y confina. Domingo 29 de marzo. Son las diez. A esta hora debería estar corriendo el kilómetro doce o trece del maratón de Roma. A esta hora, dentro de un año, estaré corriendo el kilómetro doce o trece del maratón de Roma. Retornos que me regala este diario. Un amigo del cole (Javier) me refresca los años de la natación. Hice tantas piscinas que las hice todas, ahora solo nado en el mar. Otros retornos. Repetiré como un mantra eso de que cada día amanecemos un poco más cerca del mar -me escriben-. En mi cabeza la cuarentena es un viaje a pie hacia la playa. Desayuno. Sigo. Zoom. Face. Skype. Quedamos después de los aplausos. Nos vemos cuando terminemos de almorzar. Y así. Nos reunimos en la nube. Empezamos a normalizarlo. Unas cervezas mañana a las 13:00 hora peninsular (es con gente de allá). Todos firmaríamos que nos concedan la libertad condicional en abril, el día que sea. Llegan los test masivos o cuando el país salga a la calle no habrá país. Confinados en la nube. Somos dentro, y va para rato, así que adaptamos el lenguaje, normalizamos esta anomalía. Qué ganas de tener las preocupaciones de cuando éramos afuera. El presidente de México proclama que se echen a la calle. Yo les voy a decir cuando no salgan, dice. Federico Steinberg augura que el virus nos dejará en herencia un ciclo de desglobalización. Coincido (en parte, solo). En algunos aspectos los países se replegarán; en otros, no. La pandemia sembrará extremismos, alumbrará mesías. Mala cosa. Anoche cambió la hora, y qué.

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