DIARIO DEL AISLAMIENTO

Día 9

Escribo el diario temprano. He quedado con Pániker (no me gustaría llegar tarde). Tengo una amiga que lee aliándose con el silencio de la madrugada, sumergida en los libros cuando el mundo no ha bajado de la cama. Creo que Carlos Fuentes también lo hacía, o estoy confundido con otro escritor, no sé. La silla […]

Escribo el diario temprano. He quedado con Pániker (no me gustaría llegar tarde). Tengo una amiga que lee aliándose con el silencio de la madrugada, sumergida en los libros cuando el mundo no ha bajado de la cama. Creo que Carlos Fuentes también lo hacía, o estoy confundido con otro escritor, no sé. La silla del águila, un libro mayor.

Octavo día del confinamiento. Esta primera semana de cuarentena no volverá a pasarnos, ya fue, se fue, que le den, adiós. Ayer vi a Quique aplaudiendo, nos saludamos. Las cifras de fallecidos y contagiados no dan tregua. Vienen días peores. No podemos flaquear. Hay que aguantar. Venirse abajo no es una alternativa.

Hacer planes no es mala receta, ayuda. Este será el mejor verano de nuestras vidas. Y el mejor otoño, e invierno. Me escriben. Escribo. Imaginamos el día después. Cuando volvamos a los bares saltaremos por encima de las barras (una vez pasó, pero mejor lo dejo aquí).

Me pregunto si hay algún psicólogo en el despacho de Sánchez. Espero que sí. Ojalá les haga entender que mejor ir prorrogando semana a semana, que no decreten otras tantas de golpe (por los niños, digo). El discurso de Sánchez, anoche, fue una antología de la inoportunidad. No es momento para cacerolas, no, que no. Anoche Sánchez metió la pata, sí, que sí. Hemos dejado atrás la primera semana. Me tengo apuntado algo que escribió Paula Quintana, en Instagram. Transcribo.

Después de una semana arrasada por el dolor de comprender solo tengo clara una cosa, que no me pase desapercibido este giro de la vida, a girar con ella, hacerme cargo, ser nuevo tiempo. Punto final. Gabriela, Jesús, Daniel, Itziar, Joaquín, Marta y yo nos reunimos ayer en la nube, alguna copa cayó. Xavi (Rodríguez) y María (Lama) lo capean en Madrid, zona cero de la pesadilla. Nos cruzamos fotos y vídeos. Nos reímos. Uno de Xavi está cojonudo.

Dejo de escribir para desayunar con Salvador Pániker. Ya desayuné. Sigo. Continúo con el diario. Al animal humano se le ha ido de las manos el control de su mundo. Pániker cita a Heidegger para recordarme que al animal humano se le va siempre de las manos cualquier cosa en la que se comprometa. Ahí está el riesgo y la gracia de vivir -escribe-. Es domingo. Y a nosotros qué. Somos dentro. Confinados siempre es domingo a última hora de la tarde.