nuevos apuntes nacionalistas

En el camino de la historia, por Juan Jesús Ayala

Al nacionalismo no se le puede orillar. Es el nuevo motor de la historia. Alain Touraine ya lo dijo: “el nacionalismo es un actor no moderno que crea modernidad”.

La nación es una entidad histórica que un día se consolida y otro desaparece. El nacionalismo puede emerger desde “abajo”, pero será un nacionalismo débil. Si se prodiga desde “arriba” desde una “inteligencia” nacionalista, se triunfará..

De la misma manera que no hubiese existido el marxismo sin Marx, no existirá el nacionalismo consecuente si carece de una estructura ideológica ( superestructura) que asuma un marco de discusión nacionalista ante un territorio concreto, como, en nuestro caso es Canarias para obtener adecuadas propuestas y respuestas sobre las políticas a desarrollar.

Serán políticas que tardarían ya que el pensamiento surge y se puede reconvertir en un intervalo de tiempo relativamente corto, pero poner el pensamiento en rodaje tiene sus complicaciones, y más si hay piedras que se cruzan en el camino.

La nación y el estado son contingentes. Una nación por si sola es un cuerpo inerte, sin calor y aterido en su quietismo por carecer de los ropajes institucionales de un estado.

Se habla de la Constitución como un texto sagrado e inamovible. Pero cuando los textos se anquilosan y no dan respuestas a las preguntas de algunos territorios no tienen otra alternativa que removerse, adaptarse. En España han existido ocho constituciones, comenzando por el Estatuto de Bayona de José I y terminando por la actual.

Y si no fuera así, que es el inmovilismo el que manda ,este será compañero de las grandes torpezas que se cometen por tener una visión corta de la política y por eludir la responsabilidad que tienen los pueblos consigo mismos y con la historia por lo que su acontecer se resumirá en una narración plena de ocurrencias.

Y la ocurrencia en el tiempo de la política es la peor arma arrojadiza que se puede ejercitar en el espacio de la carantoña o de la chafalmejada, ya que no da salida ni a los pueblos ni a sus apetencias.

Es evidente que el nacionalismo se construye sobre un cierto sentido de identidad cultural. La cultura es la pulpa donde crecen los gérmenes de una futura nación.

El nacionalismo al que algunos consideran un sentimiento es una ideología que indica el camino a seguir para la construcción nacional de un territorio.

La nación desea auparse sobre si misma y los nacionalistas simplemente articulan ese deseo y tratan de convertirlo en realidad. Realidad que bien pudiera alargarse hasta el infinito.

Es este un punto de vista adoptado por los propios nacionalistas, a menudo, incluso, con una perfecta sinceridad. aunque algunos no aceptan que esto sea así, y continúan transitando por una virtualidad histórica, engañándose así mismo caminando con pasos torpes que no conducen a sitio alguno.

Pero el nacionalismo como senda obligada para la construcción de las naciones y como entidad histórica siempre está a la espera, no desmaya, sueña, pero saben de la importancia de dislocar algún día ese sueño para que después de tormentas y furnias aparezca en el horizonte un arcoíris que anuncie un mundo diferente…

En este escenario cambiante de la política, donde el gobierno actual de Psoe-Podemos apuestan o tienden hacia una asimetría de tipo confederal, dado las exigencias de vascos y catalanes a las que se le está suministrando sus satisfacciones, al menos las inmediatas y donde Canarias se encuentra ausente aunque, si bien es verdad que el Estatuto contempla una serie de consideraciones a transferir sabemos de la dificultad que esta “acción política” ha encerrado y encierra por lo que si no se “asoma la patita” a su debido tiempo, que es ya, nos quedaremos no solo como convidados de piedra sino como un territorio sometido a influencias externas donde las inconformidades se tratarán una vez que vayan surgiendo en el escenario de las decisiones y, pasará, como la mayoría de las veces, que nos cogerán con el paso cambiado y seguiremos siendo militantes de la nostalgia y de la frustración.

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