
Un vecino de Santa Cruz con 94 años, que había superado un linfoma hace 15 años, con su correspondiente tratamiento de quimioterapia, y que a raíz de la misma se quedó inmunodeprimido (personas que tienen disminución de la capacidad para combatir infecciones y enfermedades), ha conseguido ganar la batalla a la Covid-19. Por si esto fuera poco, nuestro héroe de hoy padece de hipertensión y cardiopatía, un cuadro que suponía una bomba de relojería cuando hace 15 días diera positivo por coronavirus.
Según relata su hija, que prefirió mantenerse en el anonimato, “hace para ser exactos 16 días empezó con un poco de fiebre, pero con mucha tos, por lo que lo llevamos al Hospital Universitario de Canarias. Allí le hicieron la prueba de la Covid-19 y el resultado fue positivo. Me preguntaron en el Hospital si lo quería dejar ingresado, pero preferí llevarlo a casa y dejarlo aislado. Ha estado hospitalizado a domicilio con seguimiento diario por parte del equipo médico y de enfermería del Hospital Universitario de Canarias (HUC), al que quiero agradecer su gran profesionalidad y su manera impecable de actuar”.
Su hija se encargaba cada día de entrar en su habitación para darle de comer y demás necesidades que exige un enfermo en estas circunstancias, “con máxima precaución -recalca-. Entraba con mascarilla, y le llevaba un cubierto y un vaso exclusivo para él. Una vez que comía, lavaba los cubiertos y el vaso con lejía. Era una situación estresante, pero valió la pena porque fue una alegría para todos que saliera indemne de esta terrible pandemia con 94 años y con el cuadro clínico que llevaba detrás”.
Día a día fue evolucionando satisfactoriamente con fármarcos experimentales que se están utilizando para frenar esta enfermedad, y el pasado jueves 26 se le tomó una segunda muestra en la que dio negativo. Ya estaba asintomático desde hacía varios días y el mismo jueves le dieron el alta. “Después de 14 días aislado salió de su habitación y nos dijo que no pensaba que fuera a salir de allí nunca más”.
El hombre se vale por sí mismo, tiene la cabeza muy bien amueblada y no padece ninguna discapacidad.
A partir de ahora ya puede hacer vida normal, si se puede decir normal a estar dentro de su casa y no poder salir a la calle mientras dure el estado de alarma. “Ha sido toda una odisea, pero con final feliz”, confiesa su hija aliviada.





