diario del aislamiento

Día 20

Anoche el sueño remoloneó. Eché un rato recuperando palabras o expresiones del castellano antiguo. Estrechar las manos. Petimetre. Quedar. Zascandil. Ir al fútbol. Correr. Llegar tarde. Albarda. Salir. Embarcar. Facturar. Aterrizar. Conqueluche. Cruzarse por la calle. Ponerse al volante. Nadar. Chola. Fonsadera. Gafas de sol. Tenderete. Martiniega. Sendero. Mar de fondo. Y muchas más. Castellano antiguo para tímpanos en cuarentena. Palabras o expresiones guardadas en el trastero, donde las bicicletas (bicicleta, otra). Sigo dosificando las raciones de información -cada vez más-. Solo un par de barridos diarios por digitales y enlaces recibidos, o buscados. El pico no se deja alcanzar, ni domesticar. Cuesta dejar atrás los peores días, esta maldición de irnos a la cama sumando centenares de muertos, una vez, y otra. Me escriben. No comparto que no compartas que se bajen los sueldos quienes cobran de lo público -me dicen, o afean-. Respondo. Una rebaja de sueldos indiscriminada arrastra injusticias, porque bajo el paraguas de lo público hay situaciones (laborales, y retributivas) que apenas se parecen; cómo comparar sanitarios con senadores, pongamos. Miro de reojo un calendario. Han pasado veinte días. Faltan veinte (creo). Esto debe ser el ecuador. Abril sácanos de aquí, concédenos la libertad condicional. Hay quienes se afanan en disfrazar los días de parque recreativo. Hacen bien, lo que ayuda no mata. El estilo del mundo, Vicente Verdú. Destripó, hace más de quince años, la vida en el capitalismo de ficción. Reabro el libro para reencontrarme con mis notas, que vienen al caso. Lo recreativo no suplanta por completo a la realidad, pero viene a hacerse un hueco en la experiencia -escribió-. Vibra el teléfono. No me siento aludido. La Semilla. Comida sana, y buena. Está por debajo de Weyler. Lleva a domicilio. Oti está trabajando el doble para facturar un tercio. Su vídeo (en Instagram) retrata al país. Oti remonta o tira la toalla en pocos días. Miles de Oti necesitan que suene el teléfono. Llamemos. Encargos. Compras. Ahora. No esperemos a que acabe la cuarentena, no sobrevivirán. Comercios pequeños. No nos apoyemos solo en los gigantes. Vibra el móvil. Días calcados. Hay quien tiene horas para darse un atracón de pelis y series, o para echar la tarde leyendo. No es mi caso. Otra vez videoconferencia. Rutina de confinado. Mañana es viernes, fíjate tú.

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