diario del aislamiento

Día 21

Viernes de dolores, y tanto. Ocurrirá estos días algo sin precedentes. No lloverá. Tampoco se nublará. La Cofradía de los Confinados viviremos (bajo techo, faltaría más) la Semana Santa más soleada de la Edad Moderna; amén. Los neoyorquinos con pasta se han refugiado en Los Hamptons (su santuario, al este de Long Island). Al virus tanto le da enterrar a un desahuciado que arramblar con un adinerado, no distingue. La cuarentena sí diferencia, a sus ojos hay clases. Buceo un rato en las redes. Antonio Lucas no se acopla bien a esta realidad impuesta. Esperaba más de mí, escribe -me encanta esa expresión, la adopto-. Sigo. Pasaportes inmunológicos. Los alemanes estudian posibles escenarios para el día después. Una opción al salir del confinamiento pasaría por testarnos de inmunidad. Ahí fuera nos espera una película de ciencia ficción. No descartemos llevar en la cartera un carnet por puntos inmunológicos.Y si pierdes los puntos (por abrazar efusivamente, por ejemplo) te injertan guantes y mascarilla. Algo así. A saber. Continúo. Busco respiros. La esperanza es la antesala el optimismo. El portavoz del Comité Científico afirma que en Canarias podríamos ser los primeros en acabar con el confinamiento. Otra. El Instituto de Salud Carlos III nos sitúa entre las Comunidades que están dejando atrás el pico de las narices. Dejo de bucear. Dejo escrito en mi diario un abrazo enorme, infinito. Quiero a alguien que ha perdido a alguien muy, muy querido (querida). No fue el virus, pero maldito sea por dejar a la familia sin abrazarse. Recupero para ella algo que me he tatuado: caminamos hacia el mar, llegaremos a la playa. Ánimo, y fuerza. Dejo el diario. Devuelvo llamadas. Tengo 59.204 mensajes sin leer. Los científicos siguen sin dar con vacuna, fármaco o cóctel de fármacos que pare los pies al monstruo. Están tardando. Nunca los científicos contaron con tanta tecnología, así que espabilen. Un vecino salió ayer del armario, musicalmente hablando. Se vino arriba. Resistiré, y dale. Triunfó. En ventanas o balcones el público quiere marcha, marcha. Qué harán los neoyorquinos a las 18:58, mientras aplaudimos. En EE.UU. no agotaron el papel higiénico, sino las pistolas (tal cual). Aquí disparamos con rollos de papel, mejor así. Para limpiarse el culo en Asia usan un dispositivo que tiene agua y secador. Mala cosa si le das al secador antes que al agua. Ahí lo dejo. Sí, mejor lo dejo aquí.

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