diario del aislamiento

Día 31

Hace lunes (así, tal cual), intentaré remontar con un café. Hace un rato hablé con Pedro Sánchez. Llamé, y lo cogió -a veces pasan cosas así-. Tocaba tener una conversación con él, poner las cartas boca arriba. Fui claro (creo). Presidente -le dije- soy vecino, hijo, hipocondríaco, periodista, culé, contribuyente. Soy un montón de cosas, pero ni soldado ni héroe -recalqué-; así que, si lo tiene a bien, afloje con su novela de guerra por entregas. Sánchez escuchó con atención -o eso me pareció-. Continué. Presidente, no soy soldado de ningún ejército, luego, entenderá que cuando escucho sus discursos de comandante en jefe sienta que no van conmigo, y que, en consecuencia, me quede con la sensación de que está hablándole a otros. Deponer las armas. Cerca de la victoria. Venceremos. Presidente (no le dije Pedro, yo en estas situaciones me pongo muy británico, litúrgico), no soy biólogo, ni matemático, ni soldado, ni héroe. Soy uno de los cuarenta y siete millones de españoles que sobrellevamos como podemos esto de convivir con un virus que nos está jodiendo la vida -con más susto que heroicidad, precisé-. Ni somos soldados ni usted es Churchill gestionando el bombardeo de Londres, le dije (no debí, ahí me pasé de frenada). Ni somos soldados ni esto es una guerra. Un virus nos tiene contra las cuerdas, un virus -enfaticé-. Guerra, lo que se dice guerra, la que libramos contra nuestra miopía, esa que nos impidió verlo venir o creernos que la pandemia se quedaría en China. El enemigo son nuestros errores, que vienen de lejos -le reconocí-. Opté por dar un giro a la conversación, no quise quedarme sin sugerirle algo sobre la escena política. Otra cosa más, dije. Más que desescalar o rebajar la tensión lo que debe hacer es descentralizar, cambiar el chip, adaptar los decretos a la realidad de cada territorio, dar oxígeno presupuestario a las comunidades, construir con ellas las decisiones en vez de limitarse a contarles lo que va a hacer, entender que en Canarias la fuerza mayor no acabará con el estado de alarma, no sé, píenselo, presidente, sea solución y no problema. Sánchez se limitó a decirme que había tomado nota. O fue Siri quien me lo dijo, no lo sé. O solo lo pensé, yo qué sé. Hablé con Sánchez, eso sí lo recuerdo, aunque puede que no llegara a llamarlo. Sea como fuere, quise dejar escrito en mi diario lo que le habría dicho. Puede que me devuelva la llamada. O no, o sí, no sé, estoy más confundido que el BOE. Mejor dejarlo por hoy. Sí, mejor.

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