diario del aislamiento

Día 32

Anoche la imaginación me llevó a la playa, así que aproveché para nadar un buen rato (el agua estaba helada)

Anoche la imaginación me llevó a la playa, así que aproveché para nadar un buen rato (el agua estaba helada). A veces, las cosas más reales solo suceden en la imaginación; solo recordamos lo que nunca sucedió -lecturas prestadas, gracias; fin de la cita-. Un jabalí se pasea por calles vacías de Madrid. Si tanta ilusión les hace bajar a las ciudades, o a los bares, que los animales nos dejen subir al monte -intercambio, digamos-. Cuentan que Felipe IV era un cierra bares, qué lugares. Ánimo, madrileños -lo suyo es un 11-M diario-. Vocablos o expresiones del castellano moderno. Pasaporte de inmunidad. En la sociedad posCOVID-19 los inmunes serán la aristocracia del futuro inmediato, con privilegios laborales y sociales. Quizá los inmunes tengan preferencia para entrar en los restaurantes, subir a la guagua, superar una entrevista de trabajo u obtener plaza en un avión -Marta García Aller describe con acierto esa hipótesis-. En la radio alguien alude a la sociedad civil; siempre me he preguntado qué otra sociedad tienen en su cabeza quienes a ésta la apellidan civil. Buceo. Con el confinamiento el consumo de alcohol se ha incrementado un 57% (la estadística se queda corta, me temo). Retornos. No coincido contigo en lo de la generación (política) fallida -me escriben-. Hace un rato leí a Yuval Noah Harari, y concluía que en la batalla contra el virus la humanidad carece de líderes -respondo-. Son ya treinta y dos amaneceres exiliados de la normalidad. Si finalmente este confinamiento dura 42 días (me refiero a éste; otros habrá, pero diferentes), esto es el muro, los kilómetros más duros del maratón, ese momento que te hace dudar, dos o tres kilómetros flaqueando, tentado de tirar la toalla, apretando los dientes, acordándote de que un maratón es una carrera de 42 kilómetros que empieza en el kilómetro 30. Salgo a aplaudir. El DJ del barrio se nos está viniendo arriba. No conforme con poner la inevitable (Resistiré, y dale), ahora nos endilga un pasodoble a las 18:55. Aplaudo a los sanitarios y a quienes trabajan en los súper, lo hago con la misma fuerza con la que maldigo a aquellos que les dejan notas en el ascensor (no en el mío) pidiéndoles que se vayan a vivir a otro edificio. Otro día más. Otro día menos. Artiles se ha llevado un buen susto, pero ha aguantado bien. Fuerza, Manolo.

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