diario del aislamiento

Día 36

Se dispara (en Alemania) el uso de bicicletas, condones y juguetes eróticos -así, tal cual, lo cuentan desde Berlín-. Presumo que los homenajes (eróticos) se los dan cuando dejan de pedalear, no sobre la bici -o sí-. Cambios de conducta, concluyen. Ritex (preservativos) ha duplicado las ventas durante la cuarentena alemana -Acércate más, es su eslogan-. Allí (en Alemania) están avanzando con la relajación de las restricciones; cosas de países lógicos. Dejo de bucear para echar un café. Mensaje, de Jon. Van operar al padre; del corazón, me dice. Mis últimos treinta años no pueden contarse sin él. Ahora tocan curvas, Jon, pero volverán las rectas. Días atrás murió el padre de una grandísima amiga. Las malas noticias celebran estos días su convención anual -nos saben tocados, y aprovechan para golpear-. Decido caminar un poco por el paseo de madera (salón), cerca de la playa (balcón). Mi hermano soñó anoche que cogíamos olas en Bajamar, kilómetro cero de nuestra memoria. Abrazarme a las olas será de las primeras cosas que haré; será cuando a Sánchez se le agote el recurso de tenernos confinados porque no sabe desconfinarnos. Recupero uno de los mensajes que el virus me ha estado enviando -me pregunto quién ha sido el cenizo que le pasó mi móvil-. Como sigáis con las prórrogas -escribe el virus- acabaremos cruzándonos en Mercadona comprando uvas para nochevieja -cerró el mensaje con el emoticono de la gitana, qué cabrón-. Aprenderemos a convivir contigo como convivimos con el cáncer, los ictus, el terrorismo o los accidentes de tráfico -le respondí, desafiante-. Difícilmente aprenderéis a convivir conmigo si no salís de casa -me dijo, zanjando el cruce de whatsapps-. No quise seguir con la conversación, lo dejé ahí, ufano, crecido, consciente de que estamos equivocándonos (nosotros no, el Gobierno). En unas horas hablará Sánchez -supongo-. No merece la pena esperar por más de lo mismo. Bajo a lo local. El concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Santa Cruz ha entregado su acta como edil. Juan Ramón Lazcano ha dicho -en un comunicado- que su dimisión se debe a la continua conflictividad que ha vivido los últimos once meses, problemas que -según Lazcano- fueron a peor. Bajo al súper. Estornudo en el pasillo de los lácteos. Estornudé, solo eso. No lo entendieron así quienes me miraron como lo harían si descubrieran a un terrorista con el pecho cargado de dinamita -va a costar recuperar la cordura, qué horror-.

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