Mi agenda me cuenta que hoy amanezco en Vitoria, y no, tampoco. He perdido la cuenta de los viajes, citas, reuniones o eventos engullidos por el confinamiento (agendas líquidas). Con mascarillas costará más reconocernos, saber quién es quien; algunos les pondrán nombre, apellidos, logos, banderas, signo del zodiaco, soltero o casado, carne o pescado. Mascarillas convertidas en código de barras. Solo se nos verán los ojos. Igualdad de oportunidades. Vocablos del castellano antiguo. Feos. Guapos. Se acabó la distinción. Equiparación facial -y, en según qué casos, gafas empañadas-. Entra otro mensaje del virus (y dale, qué coñazo). Me va de cine con las mamparas -escribe-. Los pedidos se han disparado, estoy forrándome -remata, sarcástico-. Nos acostumbraremos a las mamparas, dejaremos de verlas o sentir su presencia (aunque sigan ahí). Habrá que hilar fino en los restaurantes, huir del lado oscuro de la mampara -el de los plastas-. Me pongo un café justo antes de volar a Grecia. Aterrizo en Atenas. Miro alrededor. Con disciplina, resiliencia y rapidez, los griegos han logrado contener al virus. Alemania, Chequia, Grecia, Dinamarca, Irlanda, Portugal, Suecia o Islandia (entre otros) han gestionado bien la crisis sanitaria. Aquí no. Los españoles no somos soldados de un ejército planetario, ni héroes de la guerra de los mundos. Somos contribuyentes de un país donde se han hecho las cosas rematadamente mal, fatal. La experiencia de otros países desmonta el relato doméstico-gubernamental. Aquí ha sido un auténtico desastre. Empeorándolo, lejos de contar con un guión elástico (capaz de modular los ritmos) improvisan una novela de guerra por entregas, homilías de fin de semana tan épicas como inocuas. Qué calor hace en Atenas, vuelvo a casa. La responsabilidad (individual o colectiva) no se vende en las farmacias, ni en el súper. Se tiene o no se tiene, y más nos vale ser responsables cuando salgamos, o pasaremos la nochevieja comiéndonos doce pasas confinadas. Me escribe Bobby, siglos sin vernos; qué bien lo pasábamos juntos -retornos que me regala este diario-. Los jugadores del Bayern han vuelto a los entrenamientos -me lo ha contado Dani; celebro las señales de normalización, bienvenidas sean-. Murió Marcos Mundstock, le debo muchísimos ataques de risa. Un modelo matemático (creado en la Universidad de Washington) prevé que el 20 de mayo será el primer día sin fallecidos -por el virus- en España. 20 de mayo, miércoles. -qué mejor manera de celebrar mi cumpleaños-.
Día 41
Mi agenda me cuenta que hoy amanezco en Vitoria, y no, tampoco
