diario del aislamiento

Día 45

Escribo este diario sentado en un café de Friedrichshain (un barrio cool, en Berlín). Ayer cogí un avión que me alejara de España. Los alemanes sí saben reinventarse -con perseverancia e inteligencia-. Aquí el sentido común no escasea, fluye. A diferencia de los padres que este domingo pusieron a España en ridículo -una minoría, pero suficientes para enfangar al resto- en Alemania respetan el esfuerzo de los sanitarios, demuestran madurez y disciplina, tienen claro que saltarse la distancia preventiva abre la puerta a otros cuarenta días confinados (desnaturalizados). Los alemanes piensan con la cabeza, no con el culo -que tomen nota los padres apandillados de este domingo-. Sin responsabilidad no hay plan, no hay regreso, no hay cama en la UCI, no hay forma de salvar miles de empleos (si volvemos a joderla, trabajos que se destruirán definitivamente). La irresponsabilidad nos condena a cadena perpetua. La sinrazón de ayer no fue mayoritaria, pero está bien poner el foco sobre los autores -para que el dislate muera en el debut-. O comprendemos que vamos a pasar meses examinándonos a diario (prueba-error) o volveremos, una vez, y otra, y otra más, al viernes 13 de marzo. Cada día haciéndolo mal enterramos miles de vidas y empleos. Algunos agitan que los hoteleros (o los empresarios, en general) están metiendo presión para acelerar la desescalada -pobre simplificación, viejuna-. Otros creemos que 200.000 empleos agonizando (en las Islas) presionan el pecho de 200.000 trabajadores sin certezas. Este virus lo paramos separados, no unidos -actualicemos los eslóganes de la resistencia-. El domingo a las 20.00 (19.00, en Canarias) el virus salió a aplaudir a los padres del bochorno -Javier Benítez, de COPE, lo resumió bien-. Por eso me vine a Alemania. A partir de hoy la mascarilla es obligatoria. Me tomo el café (y escribo) viendo la vida alemana pasar al otro lado del ventanal. Veo gente hacer cola para comprar helados, adolescentes tirados en el césped, comerciantes abriendo las tiendas, familias haciéndolo bien. El parlamentarismo alemán limita el margen de maniobra del Gobierno en situaciones como ésta, e impone al canciller que acuerde las medidas con las regiones (somos extraterrestres). Angela Merkel no ha recurrido a la retórica militar, tampoco ha decretado el estado excepcional -otra cultura, otro planeta-. Me encanta Berlín. La última vez que estuve aquí corrí un maratón recomendable, espectacular. Esta tarde vuelvo a España -a las cosas de casa-.

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