tribuna

El mejor escenario posible, por Francisco J. Reyes

Resulta muy complejo determinar cuál será el impacto económico provocado por el coronavirus, así como estimar con exactitud la trayectoria de la pandemia, la duración de las medidas de contención y las futuras medidas durante el proceso de regreso a la “nueva” normalidad. De hecho, entre los escenarios posibles, y si no se encuentra una vacuna pronto, se baraja la posibilidad de una segunda oleada del virus en otoño-invierno de este mismo año. Todo ello, hace que Fondo Monetario Internacional (FMI) prevea que la economía mundial vivirá este año su peor descalabro desde la Gran Depresión de 1929.

No cabe duda de que las previsiones en cuanto a PIB son desalentadoras a nivel mundial con un -3% y, en concreto, para todos los países de la Zona-Euro: (Alemania -7%, Francia -7.2%, España -8%, Italia -9.1%, …). Y es que el COVID–19 ha supuesto un cambio drástico en el rumbo de las previsiones de crecimiento de los países europeos. No olvidemos que a principios de año, el propio FMI estimaba crecimiento positivo para todos estos países y, en concreto, un 1.6% para España; pero el cese de la actividad económica, junto con la gran dependencia de nuestro país de sectores tan afectados como el turismo y la hostelería, lastrados por las medidas restrictivas en cuanto a la movilidad de las personas, dibuja un escenario especialmente negativo para nuestra economía.

Por otro lado, se espera un desplome de la producción global per cápita del -4.2%, lo que representa una caída de más de seis puntos respecto de las previsiones de enero. Ante tantos datos negativos, encontramos algunos países en verde, uno de ellos, y que supone un gran contraste dentro de las previsiones de las grandes potencias mundiales es, precisamente, China, para el que se prevé que cierre el año con resultados positivos. Si estos se confirman, el país asiático daría un paso adelante en el pulso comercial que mantiene con Estados Unidos. Según el informe, el país en el que se originó el virus crecerá un 1.2%, cifra muy lejana al 6.1% de crecimiento que registró al cierre de 2019, pero mucho mayor que el de su rival geopolítico, que espera un desplome cercano al -6%.

Frente a esta grave pandemia, EE.UU. han empleado medidas contundentes y especialmente extraordinarias, con cifras billonarias para insuflar liquidez en los mercados, si bien éstas podrían resultar insuficientes puesto que, además de ser la región más afectada por esta pandemia, esta semana se ha confirmado que en el país norteamericano los efectos de la crisis del COVID-19 han destruido todo el empleo que se había ido creando en los últimos 10 años, llegando a 22 millones de personas las que solicitan subsidio por desempleo.

En España la situación también es preocupante ya que, si se cumplen todas las previsiones del FMI, llegaríamos hasta el 20,8% de la población activa parada, lo que supondría doblar la media de la Eurozona en este indicador. Teniendo en cuenta la relación entre los datos estatales y los autonómicos, podemos inferir que estos datos sobre desempleo, en el caso de Canarias serían aún mayores, yéndose incluso hasta el 30% de paro, acompañado de una caída del PIB del 15%, esto es, 6.000 millones de euros menos que el año pasado.

Cabe destacar que, como en toda estimación, hay que considerar estas previsiones con cierta cautela debido a que parten de hipótesis que pueden o no cumplirse, en un entorno de gran incertidumbre y con muchas variables aún abiertas. En este caso, se ha asumido que lograremos doblegar la pandemia a lo largo del segundo semestre, lo que permitiría levantar confinamientos y diluir restricciones que a su vez provocarían la reactivación gradual de la economía. Por tanto, no resulta descabellado pensar que la situación se agrave más de lo estimado inicialmente, ya que se ha considerado el mejor de los escenarios posibles.

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