tribuna

El valor de la solidaridad, por Arturo Trujillo

Este confinamiento al que nos tiene sometidos el Covid-19, tiene algo positivo. Nos permite reflexionar, sin prisas, sobre aquellos asuntos que, en situación de normalidad, no disponemos del tiempo suficiente para hacerlo. Aprovechando este impasse obligatorio, y dejando a un lado esa dicotomía relacionada con las decisiones que adopta el Gobierno español para hacer frente al “coronavirus”, me gustaría compartir con ustedes una reflexión en torno a los valores. Sí, a esos de los que tanto presumimos pero que muchas veces nos olvidamos de mantenerlos vivos a lo largo del tiempo. Porque, en el entorno familiar de cada uno, estoy seguro que más de una vez hemos oído decir que los valores son como la guía que nos conduce por el camino correcto y que, precisamente por eso, debemos aplicarlos en su exacta dimensión.
Y la pregunta que nos podemos hacer al respecto es si, de verdad, utilizamos los valores como hay que hacerlo, como la columna vertebral que sostiene nuestras acciones o si, por el contrario, lo hacemos de una manera errónea. Quiero pensar que sí, que por lo menos intentamos que nuestras acciones influyan de manera positiva en el resto de la sociedad. Pienso que sería absurdo que no fuese así. Porque, si queremos que nuestra convivencia sea medianamente digna, necesariamente tenemos que echar mano de esos valores que, al final, son los que nos ayudarán a descubrirnos a nosotros mismos y a poder elegir nuestro destino. De ahí la importancia que adquiere el que se fomente y transmitan esos valores que nuestros padres y abuelos se encargaron de transmitir, generación tras generación.
Son muchos los valores que se pueden catalogar como ineludibles. Podemos hablar de la honestidad, de la honradez, de la responsabilidad para cumplir con nuestros compromisos, de la voluntad que nos permite hacer cosas por encima de las dificultades, de contratiempos o de estados de ánimo. Y también tenemos la flexibilidad, utilizada para adaptarnos a determinadas circunstancias y, como no, el patriotismo, que nos hace vivir con plenitud nuestro compromiso como ciudadanos y nos impulsa a fomentar el respeto a nuestra nación. Pero hoy, aprovechando este tiempo pandémico, me van a entender si les digo que, por encima de todos, está el valor de la solidaridad. Y es que, la inmensa mayoría de los españoles, de todas las comunidades autónomas, están protagonizando, con enorme paciencia y a través de unos encierros domiciliarios muy difíciles de soportar y con enorme paciencia lo que, sin duda, se puede calificar de sacrificio.
Pero lo que realmente nos ha sorprendido a todos es el ejemplo de solidaridad que nos están dando los sanitarios, en su conjunto, incluido el personal de los servicios de ayuda a domicilio y centros de mayores; las fuerzas y cuerpos de seguridad, incluida la UME; los transportistas; el personal de supermercados y tiendas de alimentación, en general; la Cruz Roja, con su más que probado espíritu altruista; el personal de bomberos, de lavanderías y limpieza en general; los periodistas y medios de comunicación que nos mantienen informados de todo cuanto sucede a nuestro alrededor, así como el solidario apoyo que reciben de grandes y pequeñas empresas, a través de donaciones que, salvo honrosas excepciones, hasta hoy parecían impensables; y tantos y tantos profesionales de otras tantas especialidades, que nos confirman ese espíritu colaboracionista que tiene nuestra sociedad y que ha salido a la luz para permanecer en nuestras mentes, para siempre. Gracias a todos, por esa sensibilidad con el prójimo, con las personas que sufren y lo están pasan mal. Gracias, porque ese es, precisamente, el valor de la solidaridad.

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