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El virus insensato

El comité de expertos ha olvidado por un rato sus conocimientos y su prudencia, y le ha dado al presidente canario lo que le había pedido: una coartada para proponer a Pedro Sánchez una importante flexibilización del confinamiento en Canarias; tan importante que, en algunos casos, supone su desaparición el la práctica. Y todo eso basado en una supuesta menor incidencia de la pandemia en las Islas, en un contexto en el que desconocemos el número de afectados reales y el número de asintomáticos, y en el que las cifras de sanitarios canarios enfermos son altísimas. Teniendo en cuenta, además, que las estadísticas canarias son muy similares a las de Murcia o Cantabria, por ejemplo. En definitiva, se trataba de abrir los hoteles y los locales de ocio para disminuir la papeleta económica que aguarda al Gobierno canario, incluso poniendo en riesgo la salud de la población. Una intentona afortunadamente frustrada por Madrid.

Si con las estrictas medidas actuales son miles los canarios sancionados por incumplir el confinamiento; si muchos alardean de incumplirlo en las redes sociales y algunos han terminado en la cárcel por reiteración de su conducta insolidaria, asusta pensar lo que puede ocurrir con los restaurantes y locales de ocio abiertos; con lo hoteles admitiendo huéspedes; con el transporte público lleno de gente que va a trabajar; con una casuística disparatada en la que los limites entre lo permitido y lo que no, sean difusos y discutibles o interpretables.

No hay ningún equilibrio entre salud y economía, como han escrito algunos; entre otras razones porque para que haya economía tiene que haber salud. Para sufrir una crisis económica o estar en el paro la primera condición es estar vivo: los muertos no cotizan ni cobran pensiones, y ya han escapado para siempre de las leyes de la economía, de la miseria y de la abundancia. No es casualidad que el primero y principal de los derechos fundamentales sea el derecho a la vida, el principio y el fin de todos los demás derechos y libertades.

La gestión del Gobierno nacional está siendo desastrosa e impresentable; una gestión en la que ni sus miembros se ponen de acuerdo. Sin embargo, a pesar de todo, no es la hora de imitar a vascos y catalanes, no es la hora de la autonomía, sino de la coordinación central, que ya tendrá en cuenta las asimetrías territoriales. Sería bueno que los canarios, por una vez, empezáramos a comportarnos como adultos, porque sólo así nos tomarán en serio en el resto del país. La propuesta del presidente canario convertía a Canarias en un laboratorio de pruebas y a los canarios en conejillos de Indias del resto de los españoles. Fue planteada con una gran torpeza e irresponsabilidad sin negociar con Madrid, generando unas falsas expectativas entre los posibles afectados. Y estaba basada en nuestra incapacidad para construir nuestro propio futuro y en nuestra dependencia de la caridad ajena, en nuestra economía subvencionada y dependiente de factores externos que no controlamos.

Era una propuesta insensata que nos hubiera podido producir un aumento brutal de los contagios, y la salud de un solo canario vale infinitamente más que todos los hoteles canarios abiertos. Exigir la dimisión del presidente canario después de que pidiera perdón, sería exigir muy poco.

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