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Pablo compra en Zara

No se puede escupir para arriba. Las cámaras indiscretas revelan que Pablo Iglesias usa ropa de Zara. Concretamente la chaqueta que lleva al Congreso tiene una etiqueta interior con la marca. Y eso después de llamar defraudador y explotador al patrón Amancio Ortega, que lo que hace es fabricar, vender, hacer negocio y, con parte de sus beneficios, obras de caridad. El cazador, cazado. El bueno de Pablete se viste en Zara. Cantinflas, en una película que hacía de hombre anuncio de una sastrería, lucía un cartel que decía, por delante y por detrás: “Soy feliz, porque me viste Ortiz”. Y en la España negra circulaban unos ripios que anunciaban determinada marca de tinte para ropa, que rezaban: “No te olvides, Catalina/de teñirme el albornoz/con la tinta tintorina/de la marca Tarragó”. Pablo Iglesias podría disertar en el Congreso usando el siguiente discurso: “Cuando más descanso/ es cuando me viste Amancio”. Aquí el que no corre, vuela. Contraviniendo la idea del refranero, referida al comunismo, de que “prado común, hierba corta”, he examinado la chaqueta de Pablo y concluyo que le sobran dos tallas, acostumbrado como estoy a verlo con el botón del frente a reventar por culpa de la barriguilla, forjada a base de cochinillo de Galapagar. No hay nada mejor que comer bien para empezar a engordar; y se ve que el previsor jefe de Podemos se compró la prenda pensando en el brillante futuro gastronómico que le espera. Cuando la bendita Transición, socialistas y comunistas desnutridos empezaron a pisar alfombras de la Real Fábrica y a engordar como bollycaos y acabaron todos orondos, menos Guerra, que era el más listo de todos y el más que se cuidaba. Yo fui un gran admirador suyo; y todavía lo soy. Alguien defendió el comunismo como una religión terrestre. En todo caso, una religión terrestre vestida por Zara.

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