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Se nos van

Gobernados, como estamos, por canchanchanes –y me refiero al Gobierno de España-, lamento que se nos vaya la gente buena de la izquierda de la Transición

Gobernados, como estamos, por canchanchanes –y me refiero al Gobierno de España-, lamento que se nos vaya la gente buena de la izquierda de la Transición. Patriotas sabios, cultos, que dejaron su impronta en el ambiente de aquella España modélica que enterró el franquismo para que luego los aludidos canchanchanes lo desenterraran. Se ha ido Enrique Múgica, un socialista cabal, ministro de Justicia con Felipe González y defensor del pueblo con todos los partidos, que lo votaron para el cargo casi por unanimidad. ETA le mató a su hermano Fernando y Enrique Múgica combatió los nacionalismos que han derivado en el populismo bolivariano que nos ataca por todos los flancos. Parece mentira que en España manden ahora tipos y tipas como los que se encaraman en el poder, peleados como putas pero mangoneando a toda una nación, sorprendida y asolada. Son unos cínicos, malos discípulos de Diógenes, pero con un poder de persuasión adecuado para un público mayoritario, inculto y cortoplacista. Y con pasta para los amigos. El adiós de Enrique Múgica, que tenía 88 años y a quien se llevó el coronavirus, pasará desapercibido. Ya casi nadie se acuerda de él, ni siquiera el PSOE de Sánchez, que es ya sólo el PSOE de Sánchez, porque no tiene otro valor estimable. Cuánto añoro a los socialistas de su época, a los que yo voté algunas veces, porque me convencieron: Felipe, Guerra, Peces-Barba, Múgica, Rubalcaba… compárenlos con estos de ahora y con sus aliados podemitas. Yo creo que vamos a acabar en manos de las novias de Pablo Iglesias, las de la primera fila y las que esconde, después de su ruptura, tras las columnas del Congreso. ¿Es posible que nos hayamos puesto en sus manos? Pues, sí. Es muy posible. España va camino de ser bolivariana y me parece que no lo remedia ni el puto virus.

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