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Un sueño de 200 millones de euros

Por culpa del confinamiento, se me ha disparado la imaginación. Y, como consecuencia, los sueños. El otro día tuve una pesadilla, que no fue tal, sino un sueño raro. Le debía a un chino 200 millones de dólares y 100 de ellos los había troquelado en forma de estrella. ¿Significan algo miles billetes de 100 dólares troquelados en forma de estrella? Me perseguían varios sicarios chinos armados, pero no sé por qué, porque yo tenía el dinero para pagar y quería hacerlo; pero el oriental se me escondía, el muy jodido. Y no había forma de dar con él para entregarle la pasta. El cerebro sigue siendo un gran desconocido; y la interpretación de los sueños es más complicada de entender que las profecías de los predictores apocalípticos que tanto gustan a la Iglesia del miedo. No es la mía, yo no creo en Dios ni en su Iglesia. Finalmente pude pagarle al chino mi deuda, en una explanada que está a los pies de la Montaña Miseria, que es la del Taoro, junto al edificio llamado Bel-Air, un prado donde hasta hace poco había gallos y gallinas sueltos. Y me libré de la persecución de los sicarios y regresé en moto a mi casa para seguir el confinamiento. Puede que me esté volviendo loco, como han enloquecido mis amables y queridos vecinos, que ayer salieron a aplaudir, a las siete de la tarde, vestidos de buzos. Cada día se disfrazan para ovacionar al de la guagua, a la pasma, a la del taxi y hasta a un barbado que pasea a su perro. Bueno, es una forma de echar fuera el aislamiento. Sigo aquí, escuchando las sandeces de los gorilas de la tele al servicio de quien les paga. La mierda se va a comer a esta profesión; y salvo a los inocentes. Menos mal que le pagué al chino.

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