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“Descubrir a una pareja con un bebé viviendo en un coche es algo que te supera”

Además de repartir alimentos y fármacos en la cuarentena, los voluntarios de Protección Civil de San Miguel toman la tensión, controlan el azúcar y curan heridas a los mayores a domicilio
Tres voluntarios de Protección Civil de San Miguel de Abona, en una de las salidas con la Unidad Móvil. DA

Francisco Javier González, Fran, no olvidará, en los peores días de la pandemia, la imagen de un joven matrimonio con un bebé metidos en un coche del que colgaban unas telas simulando una tienda de campaña. Aquella imagen de finales de marzo que presenció en la costa de San Miguel de Abona le impactó. “Eran muy jovencitos, el niño no tenía más de un año y medio, y vivían en aquel coche porque ella se quedó parada al cerrar el hotel en que trabajaba y a él le pasó lo mismo. Estaban en un proceso de cambio en su vida y se quedaron sin nada. Esas cosas te superan”.

El coordinador del servicio de Protección Civil de San Miguel de Abona repartía bolsas de comida entre los vecinos más necesitados cuando se topó con aquella estampa que le marcó. De inmediato trasladó la situación de la familia a los concejales de Seguridad y Servicios Sociales del Ayuntamiento para buscarle un techo bajo el que guarecerse, al menos mientras se mantengan las restricciones por el estado de alarma. “Nos movimos desde el minuto uno y, por suerte, se les pudo buscar una casa de acogida y por lo menos este tiempo de cuarentena lo pueden pasar con su bebé en un sitio digno y más confortable”, afirma, aliviado, a DIARIO DE AVISOS.

Los nueve voluntarios y cinco voluntarias que integran la agrupación representan un eslabón imprescindible de la cadena solidaria articulada desde el Ayuntamiento, en colaboración con ONG como Cáritas, Cruz Roja o Inclúyeme. Desde que comenzó el confinamiento, se han entregado en cuerpo y alma a ayudar a los demás. Incluso algunos de ellos, como el propio Fran, camarero de profesión en un hotel, han sufrido un ERTE y ahora ocupan todo su tiempo en esta labor. “Desde el 14 de marzo estoy al pie del cañón todos los días”, asegura.

“Hay situaciones que vemos en estas fechas y que te ponen un nudo en la garganta, como una parejita de mayores que atendemos, muy agradables, sin hijos, que no tienen a nadie. Él tiene una enfermedad neurodegenerativa avanzada y ella no puede salir a comprar los medicamentos”. Protección Civil de San Miguel se encarga de esa tarea. Pero lo que más emociona a los voluntarios son las expresiones de agradecimiento, muchas veces con lágrimas, de los beneficiarios de los productos de primera necesidad que reparten casa por casa.

“Hay gente que cuando nos ve llegar se echa a llorar, como nos sucedió hace unos días con una madre con dos menores a su cargo. Nos conmovió ver cómo le caían las lágrimas a aquella madre dándonos las gracias simplemente por llevarle hasta su domicilio el lote de alimentos que prepara el área de Servicios Sociales. Y después hay gente que vive como puede en caravanas y que se ha quedado con una mano delante y otra detrás”, cuenta el coordinador.

Si hasta ahora la labor principal de este colectivo de voluntarios se centraba en la prevención, ya fuera en actos programados como en eventos meteorológicos adversos (desde cortar ramas de árboles en temporales a limpiar carreteras), la etapa de la pandemia les ha obligado a reinventarse para volcarse en las tareas sociales.

Reparten alimentos, compran medicinas en las farmacias para llevarlas a los usuarios y hasta les acompañan a hacer la compra. Pero, además, han incorporado un servicio innovador que a los mayores les llega como caído del cielo: la prestación de asistencia sanitaria básica a domicilio. “Son personas que estaban en centros de día de la tercera edad y, para evitar que salgan de sus domicilios, vamos dos veces por semana a tomarles la tensión, a controlarles el azúcar e incluso les hacemos curas si tienen alguna herida. Sinceramente, hasta ahora no he oído hablar de que esto lo hagan en otros lugares”, explica Fran.

Francisco Javier González, coordinador de la agrupación. DA

Agradecimientos

En la mayoría de casos, la visita de los voluntarios de Protección Civil es “lo poquito diferente que ven los usuarios a la semana”, comenta el coordinador, que subraya lo “súper agradecidas” que son las personas que asisten. “Les damos conversación, les escuchamos, les aconsejamos si tienen que ir al médico… y muchas veces las familias nos llaman para darnos las gracias por el cariño que le damos a su madre o a su padre. Es algo muy impactante”.

Respecto al perfil de los usuarios, Fran explica que hay “un poco de todo”, dependiendo del servicio. “Si hablamos de asistencia sanitaria a domicilio, los perfiles más comunes son las personas mayores, muchas de ellas dependientes. Si hablamos del reparto de lotes de alimentos, los destinatarios suelen ser familias monoparentales, de edad media y con menores a su cargo, aunque también hay algún mayor”.

A su juicio, el rostro de la crisis económica generada por el coronavirus se empieza a parecer al de la Gran Recesión de 2008. “El problema es que ahora ha sido todo de golpe, aquella fue más paulatina, no fue tan brusca”, apunta, y recuerda que en el pico de la pandemia, entre finales de marzo y principios de abril, se entregaban diariamente hasta 15 lotes de alimentos para asistir a otras tantas familias, “en un pueblo de 20.000 habitantes”, remarca. Cree que la crisis irá para largo, dada la dependencia turística de Canarias. “Sinceramente, no creo que se agrave mucho más, pero sí va a durar hasta que la economía empiece a moverse”.

Cumpleaños

Hasta que comenzó la desescalada, los voluntarios de Protección Civil de San Miguel de Abona, como ha ocurrido con otras agrupaciones en distintos municipios de la Isla, visitaban con sus unidades móviles los balcones donde un niño o niña cumplía años. Llegaban a la altura del domicilio, activaban las sirenas, sonaba por la megafonía el “Cumpleaños Feliz” de Parchís y se bajaban del coche para tocar palmas. “Se trataba de darles a esas familias un poco de alegría. Eran los tres o cuatro minutitos más alegres después de tanto tiempo encerrados. En una tarde llegamos a tener hasta siete cumpleaños, y yo decía cómo pueden cumplir años tantos chiquillos a la vez en San Miguel. Aquello era una locura, pero fue muy bonito. Los niños se volvían locos y algunos padres se emocionaban”.

Incluso, los fines de semana los vehículos de Protección Civil recorrían los barrios con música para alegrar las mañanas a los vecinos. “Muchas señoras mayores nos esperaban en los balcones a que pasáramos. Fue también un gran servicio”. Fran destaca que estas acciones han permitido visibilizar la labor que prestan, porque asegura, “Protección Civil ha sido la más olvidada dentro del voluntariado de emergencias”.

Fran, de 30 años, lleva desde su adolescencia regalando gran parte de su tiempo al voluntariado, desde que le picó el gusanillo a los 17 años y con esa edad ingresó en Cruz Roja. Desde 2012 se dedica a prevenir y atender las emergencias en San Miguel de Abona y hace cinco años asumió la coordinación de la agrupación. “Somos como hermanos, formamos una gran familia y contamos con perfiles profesionales de lo más variopinto, desde una psicóloga experta en emergencias y situaciones de crisis a personal sanitario”.

Todo el tiempo les parece poco para servir a los demás y se esmeran en subrayar que en el voluntariado social la mayor satisfacción es “poder sentir que ayudas a quienes más lo necesitan”, una máxima que aplican durante las 24 horas del día. “No hay gratificación mayor que esa”, concluyen.

“Aparcan su vida personal para atender a los vecinos”

Antonio Manuel Rodríguez, concejal de Seguridad Ciudadana de San Miguel de Abona, califica de “encomiable” la labor que realizan los voluntarios de Protección Civil. “Denota una calidad humana digna de reconocimiento. Han aparcado su vida personal para atender las necesidades de los vecinos del municipio en estas difíciles circunstancias”, manifestó.

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