Diario del aislamiento

Día 70

Hace bastante viernes (incompleto, pero mejor). Al abrir los ojos me cruzo con algo que ha dicho Luis Enrique. Jugar sin público es más triste que bailar con tu hermana -lo ha clavado, buen golpe-. Bajo de la cama (qué menos). Los desfases hacen estragos cada vez que estrenamos fase -siempre igual, qué necesidad-. En […]

Hace bastante viernes (incompleto, pero mejor). Al abrir los ojos me cruzo con algo que ha dicho Luis Enrique. Jugar sin público es más triste que bailar con tu hermana -lo ha clavado, buen golpe-. Bajo de la cama (qué menos). Los desfases hacen estragos cada vez que estrenamos fase -siempre igual, qué necesidad-. En principio. Parece que no. Se recomienda. Parece que sí. Un rato. Depende. Ni siquiera un rato. No se ha definido. Expresiones (éstas, u otras) que resumen las ministradas que preceden a la llegada de la siguiente fase -no se entiende, no-. Las escuelas infantiles no saben a qué atenerse -ni el país, en general-. Y qué decir de las playas (cada municipio tiene su librillo, de locos). Retornos. Apuntas bien insistiendo en que hay que salir porque quedándonos en casa flaco favor hacemos a la economía -me dicen-. Yo llevo varios almuerzos y cenas, mi vocación de servicio público no descansa -le digo, rematando el mensaje con el emoticono de las gafas de sol-. Me paso al jengibre, doy descanso al café. En la radio (COPE) propongo una imagen. Pensemos que vamos en un avión con problemas -una situación jodida, sin entrar en detalles-, e imaginemos que en la cabina piloto y copiloto están discutiendo acaloradamente, desautorizándose, dándose empujones. Espeluznante, sí. Pues así estamos, con el país sacudido por turbulencias inéditas mientras en la cabina los ministros deciden una cosa, la contraria y la contraria de la contraria, yendo contra sus propios actos, firmando acuerdos por la puerta de atrás, rectificando rectificaciones, descalificándose en público. Un desastre. El desgobierno de las últimas 72 horas lo llena todo de desconfianza, frustración, descrédito y pesimismo -difícilmente podrán reconstruir el país quienes no están siendo capaces de reconstruir el Gobierno-. Estamos en manos de ruletistas, de jugadores empedernidos -incorregibles-. Sánchez está aguantando un chaparrón sin precedentes -está en su peor momento-. ¿Y al otro lado? La alternativa brilla, pero por su ausencia. El Gobierno está roto -del socialismo al escapismo-. Ahí siguen, bajándose el listón. Entran más mensajes. Habrá carnaval -me insisten-. Serán unos carnavales caseros, de puertas adentro -respondo-. Otros. Se acaba el franjismo (ahora que nos habíamos acostumbrado). Hay quienes se sorprenden porque estas semanas se amontonan los cumpleaños -raro es el día que no cumple algún conocido -Somos hijos del final del verano (ahí lo dejo).