diario del aislamiento

Día 72

No será un lunes cualquiera -reabren el mar, por fin-. Ayuntamientos (y BOE) nos estarán esperando en la orilla

No será un lunes cualquiera -reabren el mar, por fin-. Ayuntamientos (y BOE) nos estarán esperando en la orilla. He despertado con un ataque de servicio público (las normas para ir a bañarse me lo han puesto en bandeja, cómo dejarlo pasar). Somos tramo verde, rojo, fucsia o azul (flojo o fuerte, depende; no se sabe de qué, pero depende). De 10:45 a 10:55 con toalla -estampadas-, 10:45 a 11:15 sin toalla -a rayas-. De 8:00 a 10:00 matriculados en gimnasios, con o sin gafas de espejo -nada se dice de los manguitos-. De 14:00 a 16:00 usuarios con flotador, bañador con alusiones caribeñas y/o tatuajes en el brazo izquierdo (quienes lo tengan en el pie deberán esperar a las 16:00). Cuñados los lunes, miércoles y viernes -martes, sábados y domingo también podrán acceder a la playa con o sin nevera; los jueves descansan-. Accederán al agua, en horas pares de días impares, los nacidos en enero, abril u octubre cuyo apellido empiece por vocal; las horas impares se habilitarán para los de marzo, julio o diciembre con apellidos compuestos y/o acompañados del asesor fiscal. Pronadores y supinadores pisarán la arena en días alternos, reservándose los policías locales el derecho de admisión -nada de cholas con calcetines ni cosas raras-. Bastará tener claro qué franja horaria, edad, tramo de playa o acceso al mar corresponde a cada usuario -con eso, y la raíz cuadrada de tus años cotizando, no se necesita saber más-. Aquí lo dejo (el asunto es goloso, se presta). Dejo la playa, vuelvo tierra adentro. Buceo (en seco). España pierde 5.000 millones por cada semana de cuarentena turística. Sánchez ha decretado unipersonalmente el inicio del verano -no sé qué pensará el virus sobre ese particular-. La homilía de ayer la leyó el paje de los Reyes Magos -optimismo en vena para silenciar la crisis de Gobierno-. Retornos. No comparto tu sarcasmo sobre las protestas con banderas españolas -me escriben-. Respondo. Yo soy más de meter mis banderas en las urnas (en la calle prefiero llevar el DNI, ocupa menos que la bandera). Soy más de escrachear a los modelos de país que no comparto acercándome al colegio electoral -jamás iría a molestar a la casa de alguien, me lo enseñaron en la EGB-. Y sigo respondiendo. Exigir la dimisión es un plan sin plan porque se agota (muere) en la exigencia misma -desahogarse no es un plan, echarlos tampoco; es insuficiente, no sirve-. Sigo trasteando. Un ejército de adolescentes la lía en Euskadi. Celebraron creyéndose en 2018, libres de virus (no es rebeldía, es estupidez). Mañana iré a la playa. Por edad y peso debo salir del agua antes de entrar -a ver cómo lo hago-.

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