diario del aislamiento

Día 75

Redescubrirnos. Alegar. Hablarnos como siempre. Sorprendernos. Reírnos como nunca. Hacer planes. Beber sin sed. Mirarnos a la cara. Sonreírnos. Confirmar que seguimos ahí. Comer. Saber que estamos aquí. Picotear. Abrazarnos -con los ojos-. Contarnos cosas. Correr. Besarnos -con la mirada-. Nadar. Disfrutarnos. Callejear. Volver a estar. Reencontrarnos. Y así, tantísimas cosas. Cuántas podemos hacer a dos metros de distancia (algunas no, de acuerdo; pero otras sí, un montón). Vale que aplazar besos o abrazos es una lata, o que dejar de tocarnos no se nos da bien; pero regresar al 13 de marzo (perder la calle, otra vez) es infinitamente peor. Sacrifiquemos algunos trozos de libertad para no volver a perderla -digo-. Me pregunto a qué esperan para jubilar el eslogan que apela a la unidad (juntos) -toca separarse un poco-. Pablogshow (youtuber) está reclamando a sus seguidores -adolescentes- responsabilidad y sentido común. No es el único. Otros youtubers han decidido hacer causa con ese llamamiento (por su cuenta). A los gobiernos se les olvidó llegar a los más jóvenes -no se han enterado de que el relato de la política no aparece en su radar-. Retornos (este diario es cada vez más coral, y se agradece; mejor así, atípico). ¿Recuerdas a los pibes con el disfraz de oso atado a la cintura? Usan las mascarillas más o menos igual -me escribe Jon-. Tal cual (me descojono, buen golpe). Abro un paréntesis -aunque sigo con los adolescentes, y con los estudiantes en general-. Un apunte -sin ánimo de generalizar, ni maldad-. Mientras gobiernos y/o sindicatos dan un millón de vueltas a cómo retomar la actividad escolar, los estudiantes (ociosos) están celebrando un interminable carnaval de día junto al mar, en plazas y parques. Obviamente, el virus se mueve como pez en el agua si lo invitan a un carnaval estudiantil -ahí lo dejo; de momento, al menos-. Trasteo. Aterrizo en Madrid. Caos. Desconcierto. Desajustes. El país sobrevuela la tormenta del siglo sin tripulación -y, para empeorarlo, sin tripulación de refresco-. La borrachera de poder (constitucionalmente amparada para los estados de alarma) tiene al Gobierno con resaca -torpe, y descabezado -. Regreso a Canarias. Cada día sin aterrizar aviones (llenos de turistas) las Islas se hunden un poco más en el océano -el deshielo de los polos laborales tiene estas cosas-. Recupero una anotación. Al parecer, algunas ciudades de Canarias (tres) figuran entre las que registran una menor esperanza de vida -ya lo sabíamos, ¿por qué creen que somos tan noveleros?-.

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