diario del aislamiento

Día 76

Hay que salir (no me canso de decirlo). Pafuera, palacalle -así escrito, tal cual suena-. Salir, acostumbrarse a esta normalidad, aprender a convivir con mascarillas, geles, distancias u otros inevitables, subir, sacudirse el susto, entrar, digerirlo, familiarizarnos con este presente quirúrgico, bajar, movernos, integrarnos en el paisaje, fluir con él, sin bajar la guardia, sin obsesionarnos, rebajando lo extraordinario al escalón de lo ordinario, viviendo. Retornos. Días atrás auguré que Paula Quintana traducirá al lenguaje de la danza las pieles de esta cuarentena. Deseando compartir desde la escena y crear juntos este nuevo tiempo -me respondió Paula, en Instagram-. La alegría como ideología, antídoto, bandera revolucionaria. Alegría terapéutica. Alegría para sobrevolar las turbulencias sin rendirnos, para amortiguar los golpes o, entre otras urgencias, para plantar cara a la crisis económica -social, presupuestaria..- de nuestras vidas. Llueven cuchillos; sí, arrecia la tormenta. Según la OIT el 50% de los jóvenes acampará en el desempleo -puede que la pandemia laboral acabe siendo estructural-. Mientras leo la esquela de la OIT escucho en la radio los cortes de las trifulcas en el Congreso. Luto por los fallecidos (hagámoslo bien, qué mejor tributo) y un minuto de silencio por la política -cuarenta y siete millones de contribuyentes no merecemos broncas de barra de bar como la de ayer; qué vacío, qué vergüenza-. Siguen dimitiendo elefantes de la Guardia Civil -defcon 2-. Dejo de leer. Apago la radio. Entra un mensaje desde un móvil que no se deja descifrar (el virus, otra vez). Ayer te leí lo del carnaval de día que se traen los adolescentes sin cole -me cuenta-. Y sigue, con otro mensaje. Yo los prefiero en la calle, lejos de las aulas, me muevo mejor en las plazas o junto al mar que en las clases (el virus escribe sin faltas de ortografía, ni compasión). Nos despedimos -mejor, por si acaso-. Se habla mucho de que el verano 2020 será distinto (los veranos jamás se parecen a los anteriores, perderían la gracia). Somos españoles, por eso llevamos desde el lunes hablando de la playa -citas previas, aforos, semáforos..- pero nadie ha dicho nada (ni mu) de que también han abierto museos y teatros (fracasos de la LOGSE, y de la EGB). Buceo. Dominic Cummings (el intocable de Downing Street) rompió el confinamiento. Ni se ha molestado en pedir disculpas -Maquiavelo juega en otra Liga; el chef del Brexit no se siente mortal-. Hoy espero pasar a la fase M. Si lo cuadro (espero) mañana lo cuento -setenta y cinco días esperando, qué nervios-.

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