diario del aislamiento

Día 78

Miro el móvil. Retornos (madrugadores, mi tribu). Empiezo el 30 de mayo leyéndote -me escriben-. Si este diario tiene algún sentido -o sinsentido- no es otro que acompañar el primer café de la mañana

Miro el móvil. Retornos (madrugadores, mi tribu). Empiezo el 30 de mayo leyéndote -me escriben-. Si este diario tiene algún sentido -o sinsentido- no es otro que acompañar el primer café de la mañana. Esa fue (es) la idea. Compartir ese minuto. Contar cosas. Respondo al mensaje. Este diario aspira a ser la taza -o cucharilla- de ese primer café (el placer es mutuo, créeme; gracias, amigo). Resulta complicado no acordarse hoy de Adán (Martín). Nunca he escondido que aprendí muchísimo con él. Cómo abrir los ojos al 30 de mayo sin recordar tantísimas horas (y deshoras) de viajes, conversaciones sin reloj, avances, retrocesos, planes, ideas, análisis, risas, dudas o metas -aprendí de su vida, y de su muerte-. Café, para remontar. Me pregunto qué artista (naif, imagino) decidió que los test se hagan al bajar de los aviones -y no al embarcar-. Protocolos del revés. Renglones torcidos. Ministradas -no lo sé, puede ser-. Capítulos como lo del pasajero que llegó (mal) a Lanzarote nos hacen muchísimo daño -desaniman a quienes estén barajando volver a volar-. Siguen entrando mensajes -celebro que esto sea tan coral, cada vez más-. Es cierto que la calle se ha vuelto rara, lenta, incluso algo antipática. Las reglas del juego de este presente quirúrgico resultan incómodas (ajenas) porque estamos programados para acercarnos -no para alejarnos-. Cada vez que el cerebro da la orden (de oficio) de abrazar o besar -nos sale por defecto- tenemos que enviarle una contraorden para dar un paso atrás -de dos metros-. No dramaticemos. Caminemos -cualquier otro plan no es plan-. Escribo mirando a mar, y buscando el sol porque no se deja ver. Me desordeno -el orden dentro del caos, amén-. Trasteo. Al parecer, el confinamiento ha multiplicado (muchísimo) las solicitudes de divorcio -convivientes no convenientes descubriendo que lo suyo era bastante inconveniente-. También se disparado la venta (o compra, según se vea) de piscinas desmontables -bueno será que alguien les cuente que aunque sea transparente el agua pesa, no sea que acabe bañándose el vecino del piso de abajo-. Vuelo a Minneapolis -llevo días intentándolo, pero me quema el teclado-. Somos la especie menos fiable del planeta, capaces de esculpir, pintar, inventar, educar, construir o escribir; y de matar a alguien pisándole el cuello. Somos poetas, bestias, generosos y monstruos -no tenemos un patrón entendible de comportamiento-. Son las 9:00. Salgo a correr, siempre hacia el mar que nos explica -yo creo en Canarias, claro que sí-.

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