tribuna

Somos lo que somos

Sin duda, hemos vivido días de desconcierto. Y mientras en el Congreso comienza la desescalada hacia las peleas de gallos habituales… por la cabeza de los pequeños, medianos y grandes empresarios pasan cosas como ésta: “Sí, trabajando en una oficina tiene un horario y lo tengo controlado pero entre el café, el desayuno, el cigarro y el móvil… No sé si es lo productivo que debería”. “Sí, estando en casa es posible que mientras trabaja ponga una lavadora e incluso que friegue los platos pero también es verdad que por ello mismo le mando más trabajo y, finalmente, se hace. Es más productivo de lo que debería”. Las balanza se juegan inclinándose a un lado y al otro a medida que el empresario reflexiona. Mejor no mirarlo si antes no has tomado algo para el mareo. “Estando en casa es posible que fiche y se acueste de nuevo pero me ahorro el alquiler, él se ahorra buscar donde aparcar y el mundo se ahorra la contaminación del aire a la que ya estábamos acostumbrados”. “Estando en casa tengo a un trabajador que vale por dos”. Y ya sabemos lo que significa eso. Tiene un trabajador que cobra lo de siempre, trabaja más (ya que su picaresca en la oficina lo ha llevado a que la diferencia productiva se note tanto como para que su jefe se quiera asegurar de que no pierde) y es más productivo. ¡Ah! Y no se queja. (Están ahora mismo aquellos que tienen trabajo como para quejarse…). La picaresca y el virus. Serán estos dos factores y no otros los que hagan realidad luchas de tan difícil batalla como se postulaban la del cambio climático o la de la conciliación. Porque en nuestras cabezas solo se concibe el cambio si interesa. ¿Pero si interesa a quién? Los trabajadores han logrado el aumento del salario base y en las últimas elecciones se empezaba a hablar de no trabajar los viernes pero… ¿volveremos a aquellas jornadas maratonianas de 12 y 15 horas? Para avanzar no queda otra que dejar la picaresca atrás y aprender algo de este virus que nos ha tenido asediados. Pensar en los demás y, por qué no, avanzar por un bien común, aquel que incumbe al trabajador, al empresario y al planeta, ¿seremos capaces?

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