Diario del aislamiento

Día 91

Al parecer no será el lunes (habrá que esperar un poco más para liquidar el estado de alarma; por fin el fin, cantaría Sabina). Apenas se notará (la transición), a estas alturas la psicología pesa más que los decretos -si acaso en aforos, y así-. Ha vuelto el fútbol -con el Sevilla-Betis, en mi caso-. […]

Al parecer no será el lunes (habrá que esperar un poco más para liquidar el estado de alarma; por fin el fin, cantaría Sabina). Apenas se notará (la transición), a estas alturas la psicología pesa más que los decretos -si acaso en aforos, y así-. Ha vuelto el fútbol -con el Sevilla-Betis, en mi caso-. Con las gradas vacías las voces de entrenadores y/o jugadores suenan a entrenamiento (no a partido). Cierran los estadios para evitar contagios, provocando que los aficionados se junten en los bares (sin las pautas que seguirían accediendo, sentándose o saliendo del campo) para verlo por televisión -antología del penúltimo disparate-. Con razón me escribió el virus anoche, después del partido. Prefiero tenerlos apretaditos en los bares que en las gradas -sentenció, añadiendo el icono de la gitana-. Hace bastante viernes, pinta bien (o eso parece). La política (española) sigue echando el rato en su tela de araña -culpando de crispar a la otra parte contratante-. La gobernanza no debe reducirse a la infantil descripción de buenos o malos, blanco o negro, todo o nada (unos y otros son parte de la solución y del problema, todos lo somos). Escribe Francesc Arroyo sobre cómo el pensamiento estoico crece -conscientemente o no- como respuesta a la incertidumbre y el confinamiento. Se buscan retiros en el campo, en la costa o en el monte, cuando puedes retirarte en ti mismo cuando te apetezca -escribió Marco Aurelio antes de morir-. Los estoicos preferían hablar de sabios e ignorantes, y bastante menos de buenos o malvados -una lectura más madura que la que transpira la política española-. Murió Rosa María Sardá. Hay despedidas que nos hacen sentir que desaparecemos (o nos borramos) un poco -este adiós es una de esas veces-. Retornos. Coincido en que retirar `Lo que el viento se llevó´ no cambia nada, esconder la realidad no ayuda -me escriben-. Respondo. Creo que blanquear la Historia (dejarse arrastrar por el revisionismo de telediario) abre una puerta inconveniente -la receta no es borrar el pasado sino conocerlo para cambiar el presente con conocimiento de causa, y antecedentes contextualizados-. Otros retornos. Me llamó la atención que anuncies una remodelación del Gobierno (canario) en catorce días pero ni uno más, preguntan sin preguntar. Actualizo esa afirmación; será en trece días, ni uno más -y no anuncio, lo barrunto-. Yo que me las prometía felices creyendo que este diario terminaría el lunes -debo acabarlo para normalizar; se me está poniendo cara de aplausos a las 19:00, desfasado-