Sur

En el Sur la ‘normalidad’ tardará más en llegar

Llegan los primeros turistas extranjeros, después de tres meses, mientras las playas sirven de “aliviadero” para mitigar el calor

En Candelaria, el límite de aforo, permite mantener bien las distancias/ DA

Treinta alemanes llegaron a primera hora de la tarde de ayer al Reina Sofía. Era el primer vuelo turístico después de tres meses y una semana de estado de alarma. Una cifra insignificante, pero que al menos abre la veda de un tránsito aéreo que debe servir para que la llamada ‘nueva normalidad’ sea una realidad en el Sur de Tenerife, en donde todo hace suponer que llegará mucho más tarde que en otros lugares de la Isla, que no dependen tanto de la economía que generan los complejos hoteleros.

Aunque esos primeros vuelos han comenzado llegando a Tenerife, lo cierto es que este verano, serán muy pocos los hoteles que abran sus puertas y en todo caso, lo harán a menor capacidad y como “entrenamiento” de cara a la temporada de invierno, en la que sí esperan hacer rentable su reapertura, rescatando a sus trabajadores del ERTE, aunque Ashotel ha solicitado que estos duren al menos hasta diciembre.
Mientras hoteleros y restauradores suspiran por los ingleses, alemanes, italianos, rusos y belgas, los tinerfeños aprovechan los fines de semana para instalarse, más cómodamente, en las playas del sur, en algunos casos bajo control de aforo (Candelaria, Güímar o Arona) y en otros con libertad, como ocurre en Granadilla de Abona.

Ayer, primer día de la nueva normalidad, se experimentó una huida hacia el sur de muchos santacruceros y laguneros, pero tampoco distó mucho del anterior fin de semana. Ni siquiera, pese a las medidas menos restrictiva, tras concluir el estado de alarma, abrieron más locales de ocio o gastronomía en El Médano, Los Cristianos o Playa de Las Américas, pese a que muchos ayuntamientos han prohibido que los bañistas lleven comida a la playa.

Otro domingo más, también se dejaron notar la caravanas y autocaravanas a lo largo de la costa, especialmente las de Güímar, Arico, Granadilla y Guía de Isora, pendientes de que alguna vez haya una auténtica regulación sobre este tipo de turismo, cada vez más extendido.
La nueva normalidad, pese a que permite actos de hasta 1.000 personas en espacios abiertos y 300 en espacio cerrados, tampoco ha llegado con fuerza a las, pubs y discotecas del sur, porque la mayoría no piensan abrir, “y menos cuando prohíben bailar”, decía un conocido empresario de la zona de San Telmo, en Los Cristianos.

Por lo pronto, como recordaba Mary Carmen Riverol, más de 30 años residiendo en Los Cristianos, “nada ha cambiado, casi todo sigue cerrado y es triste ver las calles vacías, como por ejemplo la Milla de Oro, donde las tiendas siguen sin abrir”. Y cuando hablamos de ocio, también sigue cerrado el mejor parque acuático del mundo, Siam Park, aunque ya han anunciado desde la empresa, que en breve podrá abrir sus puertas. Eso nos acercará a la normalidad.

Cualquier sitio de la costa es bueno para disfrutar del mar, como el muelle de Los Abrigos / J.C.M.

Los hoteles y restaurantes esperan por los extranjeros

Si bien la presencia de bañistas se hace más notoria en las calas del sur, sobre todo aquellas que están acostumbradas a recibir turismo doméstico, lo cierto es que la entrada de la nueva normalidad ha dejado pocas variantes con respecto a sectores como la hostelería y restauración, que siguen mostrándose reacios a abrir, a la espera de los turistas internacionales, una vez ayer se abrieron las fronteras.
En lugares como Candelaria, El Médano o Los Cristianos, por poner tres ejemplos, el movimiento en sus restaurantes y terrazas en las avenidas y plazas cercanas al mar tuvieron un gran movimiento de clientes, no así en Playa de las Américas, donde apenas se pueden contar con los dedos de las manos los negocios que abrieron al público, mientras los hoteles, grandes y pequeños, permanecen cerrados a cal y canto, a la espera del mes de julio en algunos casos y mayoritariamente después de agosto, y en todo caso, nunca abriendo todas las plantas.
Lugares tan concurridos como la Milla de Oro siguen convertidos en auténticos páramos, mientras que las únicas colas las encontramos en los supermercados o a la espera de que quede libre alguna terraza, a pesar de que ya se ha aumentado la capacidad de aforo, eso sí manteniendo el metro y medio de distancia interpersonal.

Dos nórdicos residentes en Los Cristianos, ayer en El Escondite / DA

La travesía de El Escondite

“Una experiencia inesperada. También porque el negocio funcionaba y veía buenas posibilidades de pagar y ganar. Y vivir sin bancos un año. Todo, después de haber pasado la crisis y la caída del edificio vecino, por lo que pasé 10 años para convertir un negocio familiar en un negocio que funcionase”, comenta Javier Velázquez, propietario de la terraza-restaurante El Escondite, en Los Cristianos. “En el confinamiento hubo tiempo para colocar todo mi mobiliario interior en su sitio y durante cinco semanas olvidar todo, vivir unas raras vacaciones y enamorarme aún más de mi mujer. Solo falta que regrese el turismo y el bar vuelva a ser el de antes”.

Cherif Seck, hamaquero en la playa de Punta Larga / DA

Opiniones ante la nueva normalidad

Cherif  Seck, el hamaquero senegalés de la playa de Punta Larga, de Candelaria, señala que “si no vienen los turistas este negocio no es rentable, porque ahora funciona solo los fines de semana”. Rayco Vargas, periodista y presentador de eventos, desde El Médano comenta que “solo tengo salud y poco más, la situación está muy jodida, y hasta septiembre no habrá fiesta que presentar”.  Mary Carmen Riverol, vecina de Los Cristianos, comenta que “no ha habido gran diferencia con la semana pasada, vienen algunos residentes, pero aquí están las calles vacías y casi todo cerrado”.

Katerina Krasnevskaya espera que sus compatriotas rusos regresen pronto de turismo / DA

Katerina Krasnevskaya, residente desde hace años en Palm-Mar de Arona, señala que “mis compatriotas rusos empezarán a venir después del 15 de julio” y reconoce que “aún tengo miedo a salir en grupo o ir a bailar con mis amigas”. Santiago Diaz, herreño residente en Tacoronte, veranea en El Médano y comenta, ante la llegada de la nueva normalidad que “espero responsabilidad en el comportamiento individual, solidaridad entre la gente y políticos a la altura del pueblo que gobiernan”, mientras Pilar Ramallo, sanitaria que vive a caballo entre su casa de La Laguna y su apartamento de Playa La Arena, en Santiago del Teide, opina que “hay un antes y un después de esta situación. Ahora estoy adaptándome a las normas que nos van dando. Espero vivir como antes, pero no va a ser fácil”, comenta desde playa La Arena.