Tribuna

Sin pena ni gloria

Los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se reunieron el viernes para discutir sobre el fondo de ayuda planteado hace ya días por la Comisión. Recordemos que se puso encima de la mesa un fondo de 750.000 millones de euros para la recuperación de las economías de la Unión Europea, muy […]

Los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se reunieron el viernes para discutir sobre el fondo de ayuda planteado hace ya días por la Comisión. Recordemos que se puso encima de la mesa un fondo de 750.000 millones de euros para la recuperación de las economías de la Unión Europea, muy dañadas por la pandemia del Covid. La reunión, una de las que menos ha durado de todas las celebradas, apenas cuatro horas, se saldó sin acuerdo sobre la cuantía, su reparto y su forma. Ya sabíamos, desde que este paquete de estímulo se presentó, que no iba a ser fácil. Las cosas de Bruselas van despacio, aunque el techo de la casa se esté cayendo a trozos. Volverán a reunirse a mediados de julio y en este tipo de reuniones puede calificarse de bueno. No se han dado pasos, pero tampoco se ha roto la baraja.

El resumen es que países del norte de Europa, con bajos ratios de deuda y déficit, exigen que la mayor parte de los fondos se de en forma de créditos que habría que devolver y que además se pongan condiciones. Es decir, que los fondos no sólo se dediquen a gastos derivados de la pandemia, sino que los países más dañados, básicamente España e Italia, se comprometan a llevar a cabo reformas en sus economías para lograr sanear sus cuentas públicas. Mientras, los receptores de los mayores fondos, España entre ellos, exigen que en su mayor parte sean transferencias a fondo perdido y sin condicionalidad. La cumbre no debió ir muy bien para España. La prueba es que, a pesar de las expectativas que había generado en algunos, cuando acabó el presidente Sánchez no dijo ni una palabra.

España, quiera o no el Gobierno, tendrá que abordar más pronto que tarde reformas de calado. El déficit de las cuentas públicas y la deuda están desbocados y los gastos, más ahora, son inasumibles con una recaudación en caída libre. Las pensiones y los salarios de los empleados públicos serán los primeros objetivos y después vendrán subidas de impuestos. No vienen, precisamente, buenos tiempos para el Gobierno de coalición, cuyo programa ha saltado por los aires. Veremos, si también el propio Ejecutivo.