Tribuna

Una demarcación hidrográfica única para toda Canarias, por José Antonio Valbuena

Por José Antonio Valbuena El sector del agua en Canarias vive tiempos difíciles. Las escasas precipitaciones acumuladas en el último lustro, con una caída del 75% en las cuencas del sur y de cerca de un 35% en las del norte, y la consecuente merma de los caudales en pozos y galerías, ha complicado la […]

Por José Antonio Valbuena

El sector del agua en Canarias vive tiempos difíciles. Las escasas precipitaciones acumuladas en el último lustro, con una caída del 75% en las cuencas del sur y de cerca de un 35% en las del norte, y la consecuente merma de los caudales en pozos y galerías, ha complicado la gestión de este recurso básico y pone de relieve, una vez más, las consecuencias que sufren las Islas frente al cambio climático.

Conmemoramos hoy el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía en este nuevo escenario, al que las administraciones y organismos públicos responsables a nivel insular y regional han tenido que adaptarse y abordar la gestión desde la necesaria cooperación interinstitucional.

Existen asuntos de extraordinaria sensibilidad en materia hídrica, como la protección de nuestras masas de agua subterráneas y la coordinación en la planificación de las siete demarcaciones hidrográficas que, inevitablemente, se verán afectados por el estrés hídrico al que está sometida nuestra Comunidad Autónoma. También resulta prioritario modernizar las infraestructuras y los sistemas en el contexto de la transición ecológica.

Con estos objetivos, desde el Gobierno de Canarias trabajamos en contacto permanente con los consejos insulares de todas las cuencas hidrográficas, que están realizando un gran trabajo de planificación.

Pese a las distintas situaciones y realidades a las que se enfrenta cada una de las islas, en todas ellas se deben acometer actuaciones relacionadas con la detección y reparación de pérdidas –que en algunas islas superan el 50%–, el aumento de producción y calidad de aguas regeneradas y la desalación en aquellos lugares que corren un mayor riesgo de desabastecimiento.

La puesta en marcha de estas actuaciones, a las que se destinará una inversión aproximada de 10 millones de euros en los próximos meses, tiene como objetivo aportar agua al sistema y aliviar sus necesidades.

De manera paralela, estamos abordando con cada uno de los consejos insulares el diseño y concreción de nuevas acciones que permitan dar respuesta a cuatro prioridades a las que se enfrenta el sector, como son la situación de sequía, la reactivación de la economía tras el estado de alarma, las infracciones de las directrices europeas y los planes hidrológicos de segundo ciclo.

Estos trabajos coinciden con la elaboración de un Pacto del Agua a nivel regional, en el que estamos trabajando desde la Consejería de Transición Ecológica. Un documento con el que queremos impulsar la utilización de energías renovables en las infraestructuras hidráulicas y el fomento de sistemas de almacenamiento energético mixto eólico y solar. Este pacto, integrará las infraestructuras proyectadas como obras de interés general y las políticas de ahorro y eficiencia del agua, orientadas a las particularidades de los distintos sectores socioeconómicos y vinculadas a la ordenación y utilización del suelo.

También contemplará la delimitación de las competencias y agentes implicados en lo relativo a las aguas superficiales costeras y el Dominio Público Marítimo Terrestre, ya que actualmente hay un control muy vago, cuando no inexistente, sobre los vertidos de aguas urbanas e industriales al mar.

Uno de sus objetivos será establecer una demarcación hidrográfica única para todo el Archipiélago, que permitiría realizar una política coherente, basada en el bien común, y en la que estén alineados los criterios de las ocho islas, dejando a un lado los intereses locales o particulares.

En el actual escenario, marcado inevitablemente por el cambio climático, pero también por malas prácticas, el agua se ha convertido en un elemento crítico que debemos garantizar, con la depuración y la reutilización como pilares, buscando la máxima eficiencia en la gestión y promoviendo un cambio en los hábitos de consumo basados en un uso más eficiente.

Solo así podremos guiar nuestros pasos hacia un nuevo modelo hídrico sostenible en nuestra tierra.