
No es la primera vez, pero siempre llama la atención, con la gran novedad de que, a partir de ahora, la tecnología nos permite detectar meteoritos como el que cayó el pasado día 14 entre Buenavista del Norte e Icod de Los Vinos.
De la mano de un especialista como el investigador José Gregorio González, sirva este pequeño repaso de algunos precedentes en las Islas, empezando por lo sucedido el 2 de abril de 1785 en El Hierro.
“Juan Antonio de Urtusáustegui y Lugo (1731-1794) fue, entre otras cosas, uno de los fundadores de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, y autor de Diario de un viaje a la isla de El Hierro, producto de su paso por la isla. Allí -relata González- recoge diferentes noticias, entre ellas la siguiente: ‘En este año de 85 se dejó ver otro fenómeno: a las siete de la mañana del día 2 de abril, estando el día muy oscuro, aunque despejado de niebla, pasó rápidamente por encima de esta villa, y al parecer muy cerca, un globo de bastante bulto que presentaba la figura de una bola negra; y al tiempo de deshacerse dio un estampido semejante al de una pieza de artillería gruesa, que se oyó en toda la Isla, dejando un olor muy fuerte a azufre’. Es muy posible (propone José Gregorio González) que se tratara de un bólido que se fragmentó a baja altura, existiendo la posibilidad de fragmentos”, como en el caso actual.
Ese mismo año, el 4 de octubre, acontece otro fenómeno del que también da cuenta el mismo autor, aunque esta vez a las ocho de la noche. Una barra luminosa moviéndose por el cielo y dejando atrás un reguero de chispas, provocando “tal claridad que les pareció que se abría el cielo, dejándose percibir con distinción todos los objetos”. De nuevo el especialista apunta que “parece responder a la misma causa, un bólido muy bajo, lo que hace posible los fragmentos, aunque quizá cayeron al mar”.
Ambas reseñas están recogidas en obras de González como Los ovnis en Canarias y Canarias Misteriosa, pero hay más.
“El 5 de octubre de 1967, sobre las 19.30 horas, desde Las Caletas, en Teguise, dos testigos que se encontraban pescando en su barca contemplan el paso de un objeto volador a baja altura que iba dando destellos, y cuya trayectoria era descendente. Aseguraron verlo chocar contra el mar, tras lo cual provocó un rápido y breve estallido de luz. Esta noticia la publicó La Provincia al día siguiente, el 6 de octubre, también El Eco de Canarias, el 7 de octubre. Parece un bólido que cae al mar”, continúa el experto.
Por último, “el 27 de agosto de 1968, desde Tenerife y Gran Canaria se vio un enorme bólido, del que se ocupó en detalle la prensa durante varios días. Sucedió a las nueve y media de la noche, y fue descrito de color azulado y una larga cola con llamaradas de colores, tan intensas que se podían ver zonas oscuras del entorno o generar incomodidad en los ojos de los testigos. El periódico La Tarde recogió este testimonio: ‘El extraño objeto tenía forma ovalada con color azul intenso y resplandeciente, tras sí dejaba una cola de fuego. En el momento de su desaparición despidió un gran fogonazo que iluminó por unos instantes la zona”.
