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Novelas de espías

Las novelas a escote, en periodismo, son aquellas que escriben varios autores, que siguen una trama marcada por el primero y culminan con un final que se saca de la manga el último escritor

Hace años, el periódico El Día, donde durante años mantuve dos columnas diarias, publicó una novela policiaca a escote. Las novelas a escote, en periodismo, son aquellas que escriben varios autores, que siguen una trama marcada por el primero y culminan con un final que se saca de la manga el último escritor. En este caso, el primero fue Alberto Vázquez-Figueroa y yo tenía que escribir (y así lo hice) el último capítulo. Para no volverme loco, y en mi afán por trabajar lo menos posible, lo que hice fue cargarme la trama. Es decir, resucitar a los muertos, a todos, y revelar que el núcleo del relato había sido ficción. El director y algunos compañeros del periódico concluyeron que la idea había sido muy original y hasta me felicitaron. Nunca supieron que esa idea me vino por la vía del vago, no de la brillantez. Ahora estoy viendo una serie francesa en Movistar. Se titula Oficina de Infiltrados, una de espías, muy bien hecha, con alto presupuesto y actores excelentes. La trama se desarrolla en varios lugares, desde París a Moscú, desde Moscú a El Cairo y desde El Cairo a Nom Pen, la capital de Camboya. Yo creo que con La Cárcel de Papel, cuya trama está agotada en mi opinión, es de lo mejorcito que he visto en televisión en los últimos años. A mí me apasionan las series de espías, me di cuenta cuando escribí el último capítulo de aquella novela escote, por encargo de Pepe Rodríguez. La Oficina de Infiltrados cuenta verdades como puños y rindo un modesto homenaje a sus guionistas, que seguramente sólo tienen que leer los periódicos de cada día para inspirarse y escribir los relatos. El mundo está lleno de espías, nada de lo que hacemos pasa desapercibido, aunque seamos eso que llaman gente corriente. Todo vale ya. Solo quería decirles esto.

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