DespuÉs del paréntesis

Más canario

Le oí afirmar que él era “más canario que nadie”. Y no se esfuma el asombro ante la demagogia. Por eso recordé a Borges cuando, por algo similar, discutió algunas de las particularidades que de sí ocultan los argentinos. En el año 1955 los definió. Partía de un hecho: los localismos no sustituyen a las […]

Le oí afirmar que él era “más canario que nadie”. Y no se esfuma el asombro ante la demagogia. Por eso recordé a Borges cuando, por algo similar, discutió algunas de las particularidades que de sí ocultan los argentinos. En el año 1955 los definió. Partía de un hecho: los localismos no sustituyen a las cualidades. Lo universal nos confirma, todo hombre es todos los hombres. Pinta el valor y no las majaderías. Borges corroboró que es lícito morir por lo que se ama (Argentina) y no matar a lo que se ama (Argentina). Por esa consecuencia, asimismo, escribió: “El tango fue una diabólica hermosura; ahora es apenas un modo de caminar”. El fundamento del ser “más canario que nadie” es tan ridículo que no merece disculpa. Nadie está obligado a justificar su entidad. Por eso se me ocurrió la historia del marciano y la conté. El pobre extraterreste se quedó atrapado en la plaza de La Cruz Santa por el desperfecto de su nave espacial. Dado quien era, el presidente del Cabildo lo invitó a una comida oficial y, claro, hubo de explicar a la concurrencia que, por razón del aparato digestivo del extraño, no podía comer viajas y papas arrugadas. De todas formas, anunció, si persiste en vivir entre nosotros, dará pruebas de su fidelidad. Ahí el estricto entrenamiento en las diversas materias y ramas de la canariedad. Entonces, si no puede regresar a Marte, será canario aunque el gofio no forme parte de su dieta.

Un amigo dijo: “¡Lo que inventas, novelista!”. Y no exagero. El lenguaje no es tramposo y lo que demuestra la frase transcrita al principio es la trivialidad, cuando no el cinismo o, en el peor de los casos, la xenofobia. Si un pueblo heterogéneo es distinguido por las estupideces, ¿cómo vamos a defender la excepcionalidad?

Se añaden, además, dos cosas: la pertenencia está decidida desde el nacimiento; asimismo eres de donde eres aunque lo niegues. La trampa, pues, tiene bemoles. Y ahí se encuentra lo perverso. ¿Quién pondrá el sello de identidad en el pasaporte del tinerfeño tal o en el pasaporte de nuestro amigo el marciano?, ¿con qué criterios? ¿Materia de nacionalistas?

Vuelvo a Borges: “No podemos concretarnos a lo argentino para ser argentinos. Porque o ser argentinos es una fatalidad y en ese caso lo seremos de cualquier modo, o ser argentino es una mera afectación, una máscara”.

¿Fatalidad o afectación son las pruebas? Me niego, dije; ni marcianos ni tardonacionalistas. El ser es el ser aunque vuelva a gobernar Paulino Rivero.