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La ajetreada vida del cajero automático

Vivo frente a una sucursal de La Caixa, con cajeros automáticos exteriores. Y no vean ustedes los gritos de los que quieren sacar dinero y no tienen un euro en la cuenta. Algunos la emprenden a golpes con los cajeros inteligentes, cabreados con ellos en vez de estar cabreados con su propia suerte. El otro […]

Vivo frente a una sucursal de La Caixa, con cajeros automáticos exteriores. Y no vean ustedes los gritos de los que quieren sacar dinero y no tienen un euro en la cuenta. Algunos la emprenden a golpes con los cajeros inteligentes, cabreados con ellos en vez de estar cabreados con su propia suerte. El otro día, un tipo completamente colocado, la emprendió a patadas con su coche porque la máquina no le daba lo que pedía. En la oreja, un móvil; hablaba con su novia: “¿Pero qué has hecho con la cuenta, hija de p..? Lo que hizo la pobre con la cuenta fue bloqueársela para que el drogata no la arruinara. Hay otra gente, más pacífica, que se pone a hablar con mucha amabilidad con el cajero, a ver si lo convence para que le suelte pasta. Pero el empleado automático de La Caixa se muestra inflexible. Finalmente, otros clientes se extrañan, y hasta lloran, incapaces de luchar contra los embargos del Consorcio de Tributos (que lanza sus implacables oleadas al principio de cada mes). Y entonces, para evitarlo, el prójimo acude al cajero de madrugada a recuperar su dinero, antes que la deleznable cadena de impuestos –que luego se maman los políticos– se lo cepille de las cuentas. Yo mismo, si tengo que recibir algún óbolo (que rara vez sucede, es más, nunca) me pongo al lado del cajero con el móvil y le digo al remitente: “¡Ahora!”. Y sin esperar un segundo tiro de tarjeta y lo saco todo. Esta es una ventaja del automatismo: no darle tiempo al enemigo a que te embargue la cuenta porque aquí, en España, te puede embargar la cuenta todo el mundo, que a eso hemos llegado. No hace falta un juez, sino basta un funcionario celoso, apostado tras una mesa jedionda de un negociado municipal.