Tribuna

Los trenes canarios, por Alberto Enciso

De forma no prevista, la COVID-19, ha creado una profundísima crisis sanitaria, social y económica en prácticamente todos los rincones del mundo. Una crisis que ha golpeado muy duramente al conjunto de las comunidades territoriales españolas, y más que a ninguna otra, dada su mayoritaria dependencia del turismo y sus carencias agrícolas, a Canarias. La […]

De forma no prevista, la COVID-19, ha creado una profundísima crisis sanitaria, social y económica en prácticamente todos los rincones del mundo. Una crisis que ha golpeado muy duramente al conjunto de las comunidades territoriales españolas, y más que a ninguna otra, dada su mayoritaria dependencia del turismo y sus carencias agrícolas, a Canarias.
La Unión Europea ha concedido a España, bajo distintas formas de entrega, 140.000 millones de euros para contribuir a la recuperación de su tejido social y económico. Por su parte, el Gobierno de Canarias, y de sus dos cabildos principales, han decidido solicitar al gobierno español casi 400 millones de euros para la construcción de dos sistemas ferroviarios que unirían el Sur de Tenerife y el de Gran Canaria con sus capitales respectivas. Pero no es solo que, en islas de escasas dimensiones, la construcción de trenes de largo recorrido resulte siempre disfuncional. Es que, para contribuir a la solución de los problemas de conectividad de Tenerife y Gran Canaria, una solución adecuada e infinitamente más barata es la proporcionada por los carriles bus y los autobuses de última generación, solución que, además, resultaría incluyente respecto a las necesidades sociales y económicas del conjunto de los territorios comunitarios, y no excluyente.
Entre las justificaciones que gobierno comunitario y cabildos principales enarbolan, alguna hay que produce estupor. Por ejemplo, la que afirma que la antigüedad de los proyectos respectivos se convierte en motivo fundamental para la solicitud de los dineros que se pretenden. Por ejemplo, la que sugiere una relación de subordinación de las energías limpias respecto a los trenes proyectados.
El proyecto para la construcción de los trenes indicados parece haber sido redactado hace tiempo, desconociendo nosotros la fecha de inicio y terminación de tal proyecto, pero conociéndose, sin embargo, su precio, que ascendió a 46 millones de euros. Como, ¿es cierto que administraciones anteriores a las actuales, se gastaron en un proyecto, inaplicable cuando fue redactado, 46 millones de dinero público? El proyecto, ¿incluía, además de los trenes, otras alternativas para la solución de problemas de conectividad de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas?
Por las mismas fechas de los proyectos ferroviarios, de difícil realización, ¿se redactaron otros proyectos, en este caso de realización posible, urgente, inaplazable y necesaria, para la mejora real y sustancial de la sanidad y la educación públicas en todos sus niveles, atención primaria y hospitalaria, universidad, educación secundaria y primaria, incluidos el establecimiento de cocinas y comedores auto gestionados, necesarios tanto por ser un valor añadido para otros aprendizajes y para una alimentación escolar sana como por suponer un valor añadido económico, dado que actúan como demandantes de productos agrícolas locales.
¿Se redactaron proyectos para convertir en realidad la optimización de la agricultura canaria, con referencias a semillas, aguas, insumos, mercadillos del agricultor y cooperativas de suministro? ¿Se redactaron proyectos sobre los aportes realizados por los parques públicos y, por lo tanto, sobre su necesaria remodelación o construcción de nueva planta?
Y lo mismo sobre vivienda social, residencias públicas para las y los más mayores y sobre un largo ítem. Los trenes que se pretenden construir no proporcionarían un servicio mejor que el proporcionado por autobuses de última generación y carriles bus. Sin embargo, empobrecerían al conjunto de los territorios canarios por hacerles muy difícil el acceso a adicionales activos financieros procedentes de la Unión Europea. Es decir, los trenes supondrían un obstáculo formidable para la mejora sustancial del conjunto de los servicios públicos canarios.
Al proyecto técnico y voluntad políticas para la construcción de dos sistemas ferroviarios que unieran el Sur respectivo con las capitales de las dos islas más pobladas, se ha añadido, por el Cabildo Insular de Tenerife, con cargo a las mismas partidas financieras, un proyecto adicional, para la Prolongación de la Línea 1 del Tren ligero tinerfeño hasta el Aeropuerto Tenerife-Norte.
Probablemente el Gobierno central rechazará la entrega del dinero solicitado promoviendo, en todo caso, o aceptando, el inicio de negociaciones sobre cantidades y objetivos a que se destinen los fondos que pudieran entregarse, siendo necesario, finalmente, añadir algunas obviedades:
1. La prolongación de la Línea 1 del Tren Ligero hasta el Aeropuerto Tenerife-Norte sería tan superflua e innecesaria como los trenes que pudieran unir Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, con las respectivas zonas de mayor desarrollo turístico. 2. En relación con La Laguna, la posible prolongación supondría, y más en los tiempos que corren, un inmenso desastre para el tejido económico, una importante reducción de sus tasas de empleo, pérdidas cuantiosas para sus vecinos, objeto de expropiación y considerables perjuicios para intangibles que, frecuentemente, irracionalmente e interesadamente se olvidan, como, por ejemplo, los hábitos establecidos de conectividad interna ciudadana.