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80 años

El otro día cumplió 80 años un amigo, Manolo Yanes Fuentes. 80 años es una edad fronteriza, pero si ustedes ven a Manolo le echan veinte menos, a pesar de haberse escurrido peligrosamente por una alcantarilla y de clamar socorro durante mucho tiempo, sin que nadie lo escuchara. Manolo es la nobleza personificada y su único defecto supone compartir una pasión absurda por el Atlético de Madrid con unos cuantos hinchas furibundos de toda España. Su padre, don Manuel Yanes Barreto, fue un constructor valiente, uno de los forjadores del nuevo Puerto de la Cruz. Era tan generoso que una vez construyó el hotel de un prócer y el prócer no se lo pagó. Que le pregunten a su hijo Manolito, el que ahora ha cumplido 80 años, por las famosas letras de pelota del primer boom turístico, en colaboración con bancos y banqueros. Era un festival todo aquello. Pero funcionaba. Manolo Yanes, mi amigo, fue uno de los jóvenes de aquel boom. Vivía bien, pero se lo ganaba a pulso. Se cuentan muchas anécdotas suyas, algunas absolutamente impublicables. Se trata de un tipo original, con un gran sentido del humor y amigo de sus amigos. Tiene algunos íntimos, otros se le han quedado atrás. Echarse un vaso de vino con él es un espectáculo y arrastra manías. Por ejemplo, jamás va a Icod. Le ha declarado la guerra a este pueblo, pero no sabe explicar por qué. Ni siquiera si en Icod se encontrara el mejor vino de la Isla pisaría la ciudad norteña. Manolo frecuenta los guachinches de los altos, siempre en compañía de algún colega. Ahora, cuando baja, caminando, al Puerto desde las medianías vitivinícolas, se cierran todas las alcantarillas. Ya no lo absorben. Ha llegado a un pacto con ellas, lo mismo que ha llegado a un pacto con el diablo. Nunca envejece. Felicidades.

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