viernes a la sombra

Carballo

La Asociación de la Prensa de Tenerife (APT) ha concedido a Juan Carlos Carballo Marrero el Premio Patricio Estévanez (uno de los fundadores de la entidad), instituido para reconocer una trayectoria profesional. Carballo goza ya de su jubilación, a la que accedió después de un largo recorrido en el que hizo de todo: desde información […]

La Asociación de la Prensa de Tenerife (APT) ha concedido a Juan Carlos Carballo Marrero el Premio Patricio Estévanez (uno de los fundadores de la entidad), instituido para reconocer una trayectoria profesional. Carballo goza ya de su jubilación, a la que accedió después de un largo recorrido en el que hizo de todo: desde información deportiva a política, pasando por deportes, sucesos, laboral…, lo que se dice todas las secciones. Un todoterreno, vaya, siempre cumpliendo con puntualidad –muy importante cuando se acumulaban los hechos noticiosos y había que entregar las páginas para que el proceso de producción avanzara- y con seriedad, desafiando al tiempo y otras adversidades, a veces surgidas en plena tarea de transcripción de la información.

A Carballo le conocimos cuando la vocación ya había entrado en vía circulatoria. ¡Aquellos tiempos de Aire Libre y Jornada Deportiva! Leímos infinidad de crónicas suyas, algunas tomadas telefónicamente: tiempos heroicos de la información deportiva, labrada en modestos campos de tierra, difíciles de sobrellevar en invierno y difícilmente soportables cuando el calor apretaba. Y cuando algún entrenador cabreado o molesto por lo que se había escrito en la última publicación se resistía a facilitar la alineación.
Sin alharacas pero con firmeza, el periodista fue creciendo al calor de maestros y compañeros que siempre le dispensaron afecto y respeto, las cualidades que él se granjeaba con un sentido espartano del deber informativo. Poco dado a las valoraciones subjetivas, su percepción periodística hizo que se cumplieran en sus trabajos –huidizos del vedettismo y otros vicios que se iban imponiendo- los estrictos cánones profesionales. Así sucedió cuando hubo de tratar con empresarios y sindicalistas en negociaciones y firmas de convenios. Él mismo aportó, hasta donde era preciso, su experiencia personal cuando representó a los compañeros trabajadores de su empresa. Con celo trató los sucesos, tal fue así que sus fuentes, de no fácil acceso en aquellos años, le respetaron muchísimo. Sus informaciones salían bien tituladas. Luego dio el salto a las de contenido político y desde la agencia Efe, de la que fue delegado en Canarias, se acreditó como un solvente cronista político. Ahí estriba una de sus grandes aportaciones: cuando los medios locales –especialmente los periódicos y los digitales incipientes aspiraban a una cobertura de máximos- dejaron notorios vacíos en instituciones como el Parlamento, en las redacciones se hizo célebre y común una frase: “Lo coges de Efe”. Y es que Carballo, o alguno de sus colaboradores, estaba allí y se garantizaba la referencia del incidente, del acuerdo, de la dimisión o de la aprobación… lo que fuese. Para publicar al día siguiente. No exageramos ¡eh! Carballo o Efe salvaron la papeleta en muchas ocasiones. Sin olvidarnos de su presencia en algún viaje internacional de autoridades y cargos públicos que favoreció la proyección del nombre de Canarias y de sus aspiraciones en el mundo.

Se retiró con la discreción propia de quienes se alejan del protagonismo. Interesado siempre por el asociacionismo profesional y atento observador tanto de los avances tecnológicos como de las innovaciones y las tendencias, hizo de la información, dura y seca, su divisa. Le preocupaba que los consumidores estuvieran al día, que Canarias no anduviese a la deriva, desvertebrada. Carballo, uno de esos pocos seres a quien todo el mundo conoce por el apellido, se esmeró para lograrlo. Pero esta tierra y sus circunstancias… ya se sabe.