despuÉs del paréntesis

Dicen por ahí

Dicen por ahí que un chico de 17 años puede salvar al Barcelona depauperado. Lo que revela el asunto es la sustancia del genio. El talento se hace visible y las acciones sorprendentes han de leerse bien. Porque no es cuestión de estadísticas, el más joven en golear en su club, en la selección española…, es el ser. ¿De qué presumen los superdotados?, ¿de ser portentos naturales? Picasso dijo que las habilidades se trabajan, que solo es presumible satisfacerlas tendiendo pintura sobre el lienza y cada día. Así el muchacho. Aunque sin buena cabeza…
Bach asumió lo excepcional de lo más excepcional de la historia. Cuando murió, el 28 de julio de 1750, quedaron tramas por resolver. Había dado con su ingenio la construcción de órganos proverbiales, había fijado en ellos, por su pericia, sonidos y tonalidades inusuales y había dado a la estampa la más grande obra que los humanos conocen, música religiosa asombrosa, música de conciertos sublime, música para instrumentos solos genial… Su astucia no reside tanto en la capacidad de emocionar cuanto en que se convirtió (tras horas y más horas de estudio) en el ser humano que más conoció, y con ello pudo actuar, eso que se llama música. Pero cuando desapareció, quedaron factores por resolver. Quienes lo rodearon y disponían cerraron las partituras (acaso porque era demasiado luterano y en Alemania andaban de reformas) y lo lanzaron al olvido. Su viuda, la soprano Ana Magdalena Bach, hubo de vivir de la caridad para el resto de su vida. La ingente y maravillosa obra de su marido no le daba para comer. Pero los superdotados siempre relucen. Mozart lo reveló: “Este es el único músico que me puede enseñar”. Después la vuelta al inicio. La recuperación, más de un siglo después, resultó prodigiosa. Hoy nadie duda: el más grande entre los grandes y entre los que (acaso, solo acaso) queden por venir.
Así son la botas de Ansu Fati: habrá futbolista para los próximos veinte años. Cual Mbappé, después de que recale en el Real Madrid.
Dicen por ahí que el mundo se resiste. Los humanos miramos para un lado o para otro según y qué. Nos retuercen los cosmillos las excelencias de los otros. Pero dicen también que las cosas cuando son inevitables resultan inevitables. Pocos distinguidos, muy pocos, pero son. Aunque tuvieran problemas de estudiante (“nunca conseguirás nada en la vida”, le dijo un profesor), como Einstein. El cosmos se desvela así: la maravilla de lo único. Por eso vale la pena vivir.

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