El charco hondo

Hoy

Aunque en radios, periódicos, tabletas o móviles se indique que hoy es jueves, 15 de octubre, no lo es. Hay argumentos para concluir que es epidemiológicamente imposible que así sea. No puede ser, en los informativos se habrán hecho un lío. No puede serlo por la sencilla razón de que si hoy fuera 15 de […]

Aunque en radios, periódicos, tabletas o móviles se indique que hoy es jueves, 15 de octubre, no lo es. Hay argumentos para concluir que es epidemiológicamente imposible que así sea. No puede ser, en los informativos se habrán hecho un lío. No puede serlo por la sencilla razón de que si hoy fuera 15 de octubre eso significaría que los colegios u otros centros educativos comenzaron el curso hace un mes, y un mes después, es decir, hoy, no estaríamos aquí para contarlo. Será un error. Algo habrá fallado, no casa. No tiene sentido. Ni pies. Ni cabeza. Si los chicos ya llevaran un mes yendo a clase el paisaje que encontraríamos al salir de casa sería bien distinto. Si realmente hubieran pasado cuatro semanas desde que arrancó la actividad escolar no quedaría nada sobre la faz de la Tierra, si acaso cenizas, restos de lo que fuimos, un paisaje devastado, ciudades arrasadas por el vacío, silencio sepulcral, y quietud, sobre todo quietud. Hoy no puede ser 15 de octubre, porque si lo fuera los estudiantes habrían provocado nuestra extinción con la voracidad destructora con la que hace sesenta y cinco millones de años un meteorito, de entre diez y once kilómetros de diámetro, al parecer arrambló con los dinosaurios cuando liberó una energía indescriptible. Eso fue lo que algunas voces nos anunciaron, lo que tantas gargantas auguraron. Eso fue lo que algunos nos contaron. Dijeron que si comenzaba el curso —si los chicos empezaban a ir a clase— los estudiantes serían el meteorito que provocaría la extinción de los dinosaurios que no hemos dejado de trabajar en oficinas, transportes públicos, supermercados, cafeterías o centros médicos. De ahí que no sea creíble que haya pasado un mes desde que arrancó la actividad escolar, por eso no puede ser 15 de octubre. A menos, claro, que aquellas voces se hayan equivocado y que, bien lejos del apocalipsis que nos anunciaron, los hechos hayan demostrado que no solo no nos hemos extinguido sino que, dicho por los científicos, el inicio de las clases (espacios más seguros que las plazas, parques o playas) nos haya ayudado de forma más que demostrable a contener mejor al virus. Claro que vendrán semanas malas, y días difíciles, y positivos, y clases en remoto, pero un mes después el tiempo ha llenado de razones al Gobierno de Canarias (que se mantuvo firme en la defensa de la presencialidad) y a quienes, científicos o no, defendieron que había que dar el paso, comenzar el curso, convivir con un virus que va para largo. Hoy es 15 de octubre, y no nos hemos extinguido.