el charco hondo

Madrileños

Madrid no es este tablero de ajedrez sobre el que cabalga lo peor de la política, ni esta partida de cartas que excita la adrenalina de irresponsables públicos

Madrid no es este tablero de ajedrez sobre el que cabalga lo peor de la política, ni esta partida de cartas que excita la adrenalina de irresponsables públicos, asesores de imagen adictos a los juegos de rol, colaboradores en zona de confort o agitadores con afán de protagonismo. Madrid no es eso, no son esos. Madrid no es la pandemia a la que aludió Antonio Muñoz Molina, el ruido sin nueces, los boxeadores de cartón, los fogones donde gabinetes de engreídos cocinan tuits, las balaceras programadas, la política más minúscula. Madrid no es el veneno que unos, estos, otros o aquellos publicitan desde tribunas o atriles, estudios o platós, tampoco son los pirómanos que construyen relatos redactados con sustancias tóxicas e inflamables. Madrid es otra cosa. Madrid son otros. Madrid no es la voz trucada de quienes, habituales del casino, delante de las cámaras juegan con la salud, la sonrisa, el empleo, las esperanzas o la inquietud de quienes, involuntarios soldaditos de plomo, cada vez se sienten menos representados sin distinguir siglas o colores. Madrid es otra cosa. Madrid es una ciudad de ciudades que la peor política cubre de cenizas cuando —como ocurrió este último domingo, sin ir más lejos— alguien acusa a alguien de convertir a Madrid en la capital europea de la pandemia, estigmatizando de esa forma por milésima vez a los madrileños a ojos del resto del país y del mundo. Madrid no se los merece. Ni los actores ni sus guionistas representan a Madrid, no representan a los madrileños ni a quienes, al otro lado de los vasos comunicantes, asistimos como avergonzados espectadores a una pelea de bar que lejos de salvar vidas o puestos de trabajo los destruye, dinamitando de paso proyectos personales. Madrid no son quienes protagonizan o inspiran la pandemia política que fortalece los zarpazos del virus. Madrid no es una sala llena de banderas cosidas por el marketing, los sondeos o las calculadoras, tomada por la peor generación política en el peor momento. Madrid es otra cosa. Madrid son quienes sí la quieren, a los que sí les duele Madrid, a Santi, Cristo, Andrea, Xavi, María, Pe, Adolfo, Rafa, Raquel, Juan o Diana. Madrid no merece lo que están haciéndole, el daño que están causándole. Madrid es infinitamente más grande, inteligente, responsable, moderna y consciente que quienes dicen defenderla envueltos en moqueta, pólvora ajena y encuestas. Madrid sobrevivirá a los contendientes de una batalla tan asquerosa como irresponsable. Ánimo, madrileños.

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