DespuÉs del paréntesis

Negro

Se cuenta una anécdota de la campaña electoral en la que Barack Obama fue elegido por primera vez presidente de los EE.UU.: suspendió por dos días dicha campaña para visitar a su abuela blanca moribunda. Lo que recorrió el espíritu sentencioso de ese país fue que Obama se movió hacia lo claro porque precisaba convencer […]

Se cuenta una anécdota de la campaña electoral en la que Barack Obama fue elegido por primera vez presidente de los EE.UU.: suspendió por dos días dicha campaña para visitar a su abuela blanca moribunda. Lo que recorrió el espíritu sentencioso de ese país fue que Obama se movió hacia lo claro porque precisaba convencer en votos. Y esa no fue la razón, fue el gesto. Si por decisión, política, por ser, vida. Y su abuela, blanca o negra, moría y él precisaba estar con ella en el momento final. Pero lo que restaña la condición en este mundo es el producto: un hombre con madre blanca algo hippie que no tuvo inconveniente en unirse a un negro negro de Kenia. De ahí la consecuencia, alguien que en su país si se mira de una parte es “casi negro” y si se mira de la otra es “casi blanco”. Esto clama el existir por etnia, o lo que es lo mismo, no se está exento de oponer racismo al real.
Sea, pues, que ese hombre, que estudió en la Universidad de Columbia y en la prestigiosa escuela de derecho de Harvard (Lew School), se dedicó a la política. Fue senador por Illinois y pudo ser (fue) presidente de EE.UU. Al fin un “negro” pudo sentarse y se sentó en el despacho de la Casa Blanca. Se recuerda que en las fechas señaladas de la elección el periódico Le Monde afirmaba que Francia seguía con mucha atención el proceso; más aún, si Obama ganaba, París sería una fiesta. La cuestión fue la pregunta subsiguiente: ¿aceptaría Francia un presidente negro o de origen árabe? La respuesta taxativa fue no. ¿Aceptaría España un presidente negro o de origen inmigrante?
La cuestión que replica esta historia es, por un lado, aleccionadora; por otro, oscura. Lo que ocurrió en ese momento en EE.UU. y en el partido demócrata es que una persona con esa condición pudo ser candidato, ganó y se convirtió en uno de los mejores presidentes del país. Los componentes raciales estuvieron fuera del registro. ¿Usual? No del todo, pese a que fue. Con dificultad tanto los demócratas como los republicanos repetirán la iniciativa o darán entrada a una mujer. Por eso los adecuados son el utraderechista Trump y el viejo y conciliador Joe Biden frente al socialista Bernie Sanders.
El mundo de los civilizados siempre resulta de igual modo: la raza no se impone pero decide. Desde muchísimo tiempo atrás, negro es negro. Igual que el progresismo: que no se note, como aduce el PP del gobierno “ilegítimo” de España compuesto por comunistas y socialistas.